Maria Laura Del Aquila
Poeta veterano y reconocido en el portal.
Eran las 23 Hs., había terminado la jornada laboral y me dispuse a tomar una ducha antes de salir, ya que era una de esas noches donde el calor te sofoca al punto de no dejarte respirar y se hace imposible seguir sin refrescarse un poco. Después del baño reconfortante, me vestí, coloqué rimel en mis pestañas y me delineé para darle un mejor marco a mis ojos, el cabello, aún húmedo, caía como cascada de rulos sobre mis hombros.
Salí a la calle y tomé el colectivo. Al subir la máquina me expende el boleto y al levantar la mirada noto que el pasaje completo me miraba, dos o tres me devoraban con la mirada. Debía atravesar el camino de lobos hambriento, si quería sentarme pues el último asiento era el único que estaba libre. Algunos rostros giraban a mi paso. Me sentí por primera vez en la vida Julia Roberts en mujer bonita y sin quererlo se apoderó de mí una actitud de omnipotencia me sentí segura de mi femineidad, de mi condición de hembra.
30 minutos duró el viaje de retorno al hogar, 30 minutos donde me envolvió un halo de seducción. Se aproximaba mi parada, me acerqué a la puerta, toqué el timbre y al bajar el chofer me hace una seña y me guiña el ojo. -Waw como estoy hoy me dije.
Hice unos pasos cuando se me acerca un muchachito de unos veinte años corriendo; ahora me sentí la protagonista de ese comercial de desodorante femenino, donde el chico se acerca a la damisela desconocida seducido por el aroma que su piel despide y le regala un ramo de flores, sólo que en esta oportunidad el ramo jamás apareció.
-Disculpe me dice. Y susurrando y hasta con vergüenza prosigue
-Tiene la camisa desprendida. de pronto volvió la imagen de la mujer segura desfilando por el pasillo del colectivo y pasé de wonderful tonight a la noche más ridícula de mi existencia. Ahora cada vez que alguien me mira me fijo antes de no tener los senos al viento.
Maria Laura
Salí a la calle y tomé el colectivo. Al subir la máquina me expende el boleto y al levantar la mirada noto que el pasaje completo me miraba, dos o tres me devoraban con la mirada. Debía atravesar el camino de lobos hambriento, si quería sentarme pues el último asiento era el único que estaba libre. Algunos rostros giraban a mi paso. Me sentí por primera vez en la vida Julia Roberts en mujer bonita y sin quererlo se apoderó de mí una actitud de omnipotencia me sentí segura de mi femineidad, de mi condición de hembra.
30 minutos duró el viaje de retorno al hogar, 30 minutos donde me envolvió un halo de seducción. Se aproximaba mi parada, me acerqué a la puerta, toqué el timbre y al bajar el chofer me hace una seña y me guiña el ojo. -Waw como estoy hoy me dije.
Hice unos pasos cuando se me acerca un muchachito de unos veinte años corriendo; ahora me sentí la protagonista de ese comercial de desodorante femenino, donde el chico se acerca a la damisela desconocida seducido por el aroma que su piel despide y le regala un ramo de flores, sólo que en esta oportunidad el ramo jamás apareció.
-Disculpe me dice. Y susurrando y hasta con vergüenza prosigue
-Tiene la camisa desprendida. de pronto volvió la imagen de la mujer segura desfilando por el pasillo del colectivo y pasé de wonderful tonight a la noche más ridícula de mi existencia. Ahora cada vez que alguien me mira me fijo antes de no tener los senos al viento.
Maria Laura