James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
En un día solo que han llegado a miles,
a saber de abriles de sus veinte años.
Estaño curioso de aquel hombre extraño
que en la cara el paño su rostro cubrió.
Y al verse atada, al mirar la nada y explorar
los miedos, como cielos negros de extensa
tormenta que se autoalimenta
de terrores nuevos de la vieja muerte,
de la poca suerte de sus sufrimientos
sufrir por sufrir viviendo la herida
o morir de pena de cuanto dolor
en un ascensor de su propia vida.
Ruego del tormento del simple momento
de ver su captor, en tecnicolor de vieja película,
su suerte de Clara, a saber culpable.
Piensa retenida la vida no pasa,
se pasa en silencio se siente al fluido
de lo que ha salido de sus alimentos
por pudor asiento del asco asumido.
Y hoy que no ha dormido
ni medido el día de ya hacía meses,
o años de nada de suerte violada
de sus sufrimientos de eterno imposible,
cuan mejor la muerte a su vida oscura
por cura declara, oh Clara otra vez
en su vida errada de enterrada en vida.
Y un día de hacer por suerte cristal
le rajó su cuello y pudo vivir
si llama a existir su vida encerrada
de una eterna loca que evoca el terror
que al horror la sombra se alfombra en tinieblas.
El placer oscuro por haber vivido
Y al volver a ser tercera persona
Una se abandona y ya nunca más
La suerte declara; Clara ya estás muerta
a saber de abriles de sus veinte años.
Estaño curioso de aquel hombre extraño
que en la cara el paño su rostro cubrió.
Y al verse atada, al mirar la nada y explorar
los miedos, como cielos negros de extensa
tormenta que se autoalimenta
de terrores nuevos de la vieja muerte,
de la poca suerte de sus sufrimientos
sufrir por sufrir viviendo la herida
o morir de pena de cuanto dolor
en un ascensor de su propia vida.
Ruego del tormento del simple momento
de ver su captor, en tecnicolor de vieja película,
su suerte de Clara, a saber culpable.
Piensa retenida la vida no pasa,
se pasa en silencio se siente al fluido
de lo que ha salido de sus alimentos
por pudor asiento del asco asumido.
Y hoy que no ha dormido
ni medido el día de ya hacía meses,
o años de nada de suerte violada
de sus sufrimientos de eterno imposible,
cuan mejor la muerte a su vida oscura
por cura declara, oh Clara otra vez
en su vida errada de enterrada en vida.
Y un día de hacer por suerte cristal
le rajó su cuello y pudo vivir
si llama a existir su vida encerrada
de una eterna loca que evoca el terror
que al horror la sombra se alfombra en tinieblas.
El placer oscuro por haber vivido
Y al volver a ser tercera persona
Una se abandona y ya nunca más
La suerte declara; Clara ya estás muerta