Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
Anímate a vivir sin las cadenas
que forjan miedos viejos en tu ser;
no cargues más con culpas tan ajenas,
ni guardes la prisión de no crecer.
La vida es libre, abierta, sin arenas,
un mar que siempre invita a renacer;
si abres las alas rompes las condenas,
si das un paso vuelves a nacer.
Vive el error, la duda y la caída,
vive el instante propio, tan genuino,
vive en tu voz, tu fe, tu propia vida.
Anímate a vivir sin otro destino
que ser la huella clara, compartida,
del ser que elige al fin su propio camino.
Anímate a vivir como guerrero
que nunca entrega fácil su razón;
no es pelear con la espada ni el acero,
sino con fe, constancia y corazón.
La vida es campo duro y verdadero,
que exige firme paso en su canción;
mas cada herida enseña un derrotero,
y cada golpe forja convicción.
Vive con garra, entera resistencia,
vive con brazo firme y alma fuerte,
vive sembrando en todo la presencia.
Anímate a vivir contra la suerte:
que aún la derrota guarda la potencia
de levantarse y desafiar la muerte.
Anímate a vivir con la mirada
puesta en lo simple, claro y esencial;
la vida se nos da como alborada,
tesoro humilde, eterno y sin igual.
No mires lo perdido ni la nada,
mira lo que respira en tu caudal:
cada suspiro es dádiva entregada,
cada latido, un mundo celestial.
Vive agradecido, vive entero,
vive en la brisa mansa de la tarde,
vive en el sol temprano y verdadero.
Anímate a vivir, que nunca tarde
es bendecir el paso verdadero,
la mano amiga, el pan que nunca arde.
Anímate a vivir, camina lento,
no hay prisa en este viaje sin final;
cada sendero guarda un sentimiento,
cada recodo es fuerza y es caudal.
La vida es río, tránsito, momento,
que enseña sin hablar su magistral
lección de darlo todo al movimiento,
dejando atrás la piedra y el cristal.
Vive el sendero gris, vive la risa,
vive el error que labra tu esperanza,
vive el dolor que al día suaviza.
Anímate a vivir sin desconfianza:
la vida es aire, música y caricia,
la vida siempre al alma la realza.
que forjan miedos viejos en tu ser;
no cargues más con culpas tan ajenas,
ni guardes la prisión de no crecer.
La vida es libre, abierta, sin arenas,
un mar que siempre invita a renacer;
si abres las alas rompes las condenas,
si das un paso vuelves a nacer.
Vive el error, la duda y la caída,
vive el instante propio, tan genuino,
vive en tu voz, tu fe, tu propia vida.
Anímate a vivir sin otro destino
que ser la huella clara, compartida,
del ser que elige al fin su propio camino.
Anímate a vivir como guerrero
que nunca entrega fácil su razón;
no es pelear con la espada ni el acero,
sino con fe, constancia y corazón.
La vida es campo duro y verdadero,
que exige firme paso en su canción;
mas cada herida enseña un derrotero,
y cada golpe forja convicción.
Vive con garra, entera resistencia,
vive con brazo firme y alma fuerte,
vive sembrando en todo la presencia.
Anímate a vivir contra la suerte:
que aún la derrota guarda la potencia
de levantarse y desafiar la muerte.
Anímate a vivir con la mirada
puesta en lo simple, claro y esencial;
la vida se nos da como alborada,
tesoro humilde, eterno y sin igual.
No mires lo perdido ni la nada,
mira lo que respira en tu caudal:
cada suspiro es dádiva entregada,
cada latido, un mundo celestial.
Vive agradecido, vive entero,
vive en la brisa mansa de la tarde,
vive en el sol temprano y verdadero.
Anímate a vivir, que nunca tarde
es bendecir el paso verdadero,
la mano amiga, el pan que nunca arde.
Anímate a vivir, camina lento,
no hay prisa en este viaje sin final;
cada sendero guarda un sentimiento,
cada recodo es fuerza y es caudal.
La vida es río, tránsito, momento,
que enseña sin hablar su magistral
lección de darlo todo al movimiento,
dejando atrás la piedra y el cristal.
Vive el sendero gris, vive la risa,
vive el error que labra tu esperanza,
vive el dolor que al día suaviza.
Anímate a vivir sin desconfianza:
la vida es aire, música y caricia,
la vida siempre al alma la realza.