José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Olvida el ominoso pasado, de frustración, necesidad
y vive el lustroso presente con tanta intensidad
como si hoy fuese el fin de nuestros bochornosos días.
Y no hubiese más realidad que el día del juicio final
Bébete la vida a sorbos, como el labrador el agua con el calor.
como el ebrio, el líquido elemento rojo, como si se fuese a extinguir
y los sentimientos no volviesen a aflorar dentro de su ser.
Como si la gaviota nos dejase de acompañar con sus graznidos en la mar.
Como si la tierra y el horizonte que marca la estela de la mar
se fundiesen en un solo instante y te atrajera hasta la eternidad.
Como si las galaxias se fundiesen en un mismo anillo interestelar
que fuese tan luminoso que nadie lo pudiese mirar.
No huyas de la fantasmagórica realidad, perdura
en ella; reluce con tu actitud más que el sol en primavera.
Al amanecer, no empañes de vaho tu transparente cristal,
y haz que reluzca como la luna en la mar o el sol en tu trigal.
La grotesca función va a terminar, como los serafines
tapan su cabeza con alas ante el poderoso Dios.
Haz que este poema tenga un final extravagante.
Navega sin pensar, hacia los designios de la mar
y algún día sabrás hacia dónde la nave va.
y vive el lustroso presente con tanta intensidad
como si hoy fuese el fin de nuestros bochornosos días.
Y no hubiese más realidad que el día del juicio final
Bébete la vida a sorbos, como el labrador el agua con el calor.
como el ebrio, el líquido elemento rojo, como si se fuese a extinguir
y los sentimientos no volviesen a aflorar dentro de su ser.
Como si la gaviota nos dejase de acompañar con sus graznidos en la mar.
Como si la tierra y el horizonte que marca la estela de la mar
se fundiesen en un solo instante y te atrajera hasta la eternidad.
Como si las galaxias se fundiesen en un mismo anillo interestelar
que fuese tan luminoso que nadie lo pudiese mirar.
No huyas de la fantasmagórica realidad, perdura
en ella; reluce con tu actitud más que el sol en primavera.
Al amanecer, no empañes de vaho tu transparente cristal,
y haz que reluzca como la luna en la mar o el sol en tu trigal.
La grotesca función va a terminar, como los serafines
tapan su cabeza con alas ante el poderoso Dios.
Haz que este poema tenga un final extravagante.
Navega sin pensar, hacia los designios de la mar
y algún día sabrás hacia dónde la nave va.
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