DeSolís
Poeta recién llegado
Escucho los moretones
seguidos de sumisión
y se me parten las horas,
en dos mitades de noche.
Ni el niño,
ni el anciano,
ni el de arriba,
ni el de abajo
debería oír eso.
Escucho la violencia,
y luego la unión —¡la unión!—
pegada con la saliva del trauma,
como si el amor fuera de verdad eso.
Arrebatan millones (es triste comprobarlo)
¡Seres tan adorables!
A pesar de que su silencio
duele más que su ausencia.
Y yo —y tú—
y el que ni siquiera escuchó nada,
TODOS
lloramos en plural.
seguidos de sumisión
y se me parten las horas,
en dos mitades de noche.
Ni el niño,
ni el anciano,
ni el de arriba,
ni el de abajo
debería oír eso.
Escucho la violencia,
y luego la unión —¡la unión!—
pegada con la saliva del trauma,
como si el amor fuera de verdad eso.
Arrebatan millones (es triste comprobarlo)
¡Seres tan adorables!
A pesar de que su silencio
duele más que su ausencia.
Y yo —y tú—
y el que ni siquiera escuchó nada,
TODOS
lloramos en plural.