Vientos de cambio derriban nuestros castillos,
mientras, el aire se enturbia de arena y suenan las trompetas.
Los restos que inundan el horizonte no tienen nombre,
y nosotros erguidos observamos el sol que se pone.
No hay palabras, ni miradas, ni siquiera aplausos.
Ya no queda tiempo, solo forma, solo espacio.
mientras, el aire se enturbia de arena y suenan las trompetas.
Los restos que inundan el horizonte no tienen nombre,
y nosotros erguidos observamos el sol que se pone.
No hay palabras, ni miradas, ni siquiera aplausos.
Ya no queda tiempo, solo forma, solo espacio.