Desde el absurdo trozo de la nada
también es posible mirar
cómo la piel se eriza
con tu paso de escarcha,
viento renegado,
y aún sin tus ojos, ahora cerrados
mimas mis fronteras como en ellas arde el sol,
áncora como soy
y como cruz soy
desde donde mis ojos vigilan
el angosto paso del cielo sin nombre
por donde tú, mi viento ajeno,
Cielo infinito en mi eco...
obsérvame
y dame vida... tiempo,
y... tiempo, dame vida,
y estruendo,
que yo te devolveré con mi voz, voz,
y las palabras
con que sepas encantar de nuevo a la tierra
que se creyó isla
cuando tú le abandonaste,
como a mí me abandonaste,
Y mi desnudo brazo,
abrazado por ti, viento errado,
como a una plegaria se abraza el silencio de Dios,
conmigo aprende a solapar el infinito
y a enterrarlo en el botín de mi mano apretada,
y aprende así a ser solo parte
cuando antes lo era todo;
guárdate aquí,
silbido futil que llegas llaga
hasta donde mi guante de moho te guarda,
y si, como cualquier otra lágrima de escarcha,
irredenta
caes,
yo te abrazo a mí.
también es posible mirar
cómo la piel se eriza
con tu paso de escarcha,
viento renegado,
y aún sin tus ojos, ahora cerrados
mimas mis fronteras como en ellas arde el sol,
áncora como soy
para esta punta de tierra clavada en el mar,
y como cruz soy
de este templo de tierra peninsular,
desde donde mis ojos vigilan
el angosto paso del cielo sin nombre
por donde tú, mi viento ajeno,
tú sí allegro osas pasar.
Cielo infinito en mi eco...
obsérvame
y dame vida... tiempo,
y... tiempo, dame vida,
y estruendo,
que yo te devolveré con mi voz, voz,
y las palabras
con que sepas encantar de nuevo a la tierra
que se creyó isla
cuando tú le abandonaste,
viento renegado;
como a mí me abandonaste,
anciano sol.
Y mi desnudo brazo,
abrazado por ti, viento errado,
como a una plegaria se abraza el silencio de Dios,
conmigo aprende a solapar el infinito
y a enterrarlo en el botín de mi mano apretada,
y aprende así a ser solo parte
cuando antes lo era todo;
guárdate aquí,
silbido futil que llegas llaga
hasta donde mi guante de moho te guarda,
y si, como cualquier otra lágrima de escarcha,
irredenta
caes,
yo te abrazo a mí.