licprof
Poeta fiel al portal
Cuando estdiaba abogacìa, era tal mi velocidad mental, que me sorprendìa gratamente incluso a mì mismo.
Respondìa toda clase de preguntas, lo cual generaba envidia en mis compañeros de estudio, pues, creo, los ponìa en evidencia, ademàs estaban semidormidos debido al exceso de trabajo policial o policìaco.
Muchos se dormìan sobre la mesa, habiendo tomado el recaudo de ubicarse al fondo del salòn, para que no los viera el catedràtico o magister, digamos.
Pero a mì no me importaba 1 bledo, 1 comino: yo respondìa todo, hasta me daba el lujo de esperar 1, 2, 3 segundos y, como nadie contestaba, lo hacìa yo. Incluso a veces respondìa antes que el profesor terminara su pregunta.
Todo esto me generaba toda clase de inconvenientes: envidia, celos, manifestaciones paranormales de toda ìndole, explosiones de rabia de ciertas damas, repentinos enamoramientos de otras, que parecìan observarme y escucharme obnubiladas o, simplemente, sin comprender mis oportunos conceptos.
Fui muy feliz en ese perìodo estudiando còdigos, fallos y leyes.
No obstante, todo terminò un dìa, o màs bien comenzò de nuevo.
Sin embargo, extraño mucho mi època de eterno estudiante.
Realmente, adoro estudiar y aprender.
Lo que detesto son los exàmenes y toda la consabida burocracia que, como un gigantesco y endemoniado kraken victorhuguesco, extiende sus tentàculos sobre los pobres estudiantes pobres que, por ello, entre otras causas, abandonan la universidad, y ciertamente una carrera brillante, para laburar en paupèrrimos trabajos que los llevaràn decididamente a una muerte prematura, por no decir precoz.
Por todo ello, añoro totalmente mis años de estudiante en que desarrollè una velocidad mental absoluta, acorde a los vertiginosos tiempos actuales, acelerados a tal punto, que nos impiden pensar correctamente.
Solo tengo buena memoria.
Y pretendo ahondar en la humildad para estar siempre abierto a todo aprendizaje.
Si pudiera volver en el tiempo a mis adorados años de aprendiz eterno ...
Toda mi vida, en todo, en cada actividad que realizè, en todo oficio nuevo que aprendì, fui el principiante constante, y suertudo, el siempre iniciado.
En hora buena !
Respondìa toda clase de preguntas, lo cual generaba envidia en mis compañeros de estudio, pues, creo, los ponìa en evidencia, ademàs estaban semidormidos debido al exceso de trabajo policial o policìaco.
Muchos se dormìan sobre la mesa, habiendo tomado el recaudo de ubicarse al fondo del salòn, para que no los viera el catedràtico o magister, digamos.
Pero a mì no me importaba 1 bledo, 1 comino: yo respondìa todo, hasta me daba el lujo de esperar 1, 2, 3 segundos y, como nadie contestaba, lo hacìa yo. Incluso a veces respondìa antes que el profesor terminara su pregunta.
Todo esto me generaba toda clase de inconvenientes: envidia, celos, manifestaciones paranormales de toda ìndole, explosiones de rabia de ciertas damas, repentinos enamoramientos de otras, que parecìan observarme y escucharme obnubiladas o, simplemente, sin comprender mis oportunos conceptos.
Fui muy feliz en ese perìodo estudiando còdigos, fallos y leyes.
No obstante, todo terminò un dìa, o màs bien comenzò de nuevo.
Sin embargo, extraño mucho mi època de eterno estudiante.
Realmente, adoro estudiar y aprender.
Lo que detesto son los exàmenes y toda la consabida burocracia que, como un gigantesco y endemoniado kraken victorhuguesco, extiende sus tentàculos sobre los pobres estudiantes pobres que, por ello, entre otras causas, abandonan la universidad, y ciertamente una carrera brillante, para laburar en paupèrrimos trabajos que los llevaràn decididamente a una muerte prematura, por no decir precoz.
Por todo ello, añoro totalmente mis años de estudiante en que desarrollè una velocidad mental absoluta, acorde a los vertiginosos tiempos actuales, acelerados a tal punto, que nos impiden pensar correctamente.
Solo tengo buena memoria.
Y pretendo ahondar en la humildad para estar siempre abierto a todo aprendizaje.
Si pudiera volver en el tiempo a mis adorados años de aprendiz eterno ...
Toda mi vida, en todo, en cada actividad que realizè, en todo oficio nuevo que aprendì, fui el principiante constante, y suertudo, el siempre iniciado.
En hora buena !
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