Aliya
Poeta recién llegado
​VIDA
Quizás a la vida no deba
llamarle vida ni a la muerte: muerte;
probablemente sea como el rayo
que nace en el cielo y muere en la tierra.
En mi silencio, en mi impotencia,
en la sombra en la que me ha recluido el mundo
a causa de mi voz muda y mis oídos sordos
marcho al compás de tu melodía.
Melodía tan atrayente como el cantar de una sirena,
escribes versos y letras, gozos y tristezas,
amores y desdichas que no son más que cartas,
vanas hechas de cenizas de vidas pasadas.
Cartas que vuelan como aves de rapiña
asechando a sus presas; vuelas, te desprendes
y desapareces como si no hubieses sido nada.
Quizás a la vida no deba
llamarle vida ni a la muerte: muerte;
probablemente sea como el rayo
que nace en el cielo y muere en la tierra.
En mi silencio, en mi impotencia,
en la sombra en la que me ha recluido el mundo
a causa de mi voz muda y mis oídos sordos
marcho al compás de tu melodía.
Melodía tan atrayente como el cantar de una sirena,
escribes versos y letras, gozos y tristezas,
amores y desdichas que no son más que cartas,
vanas hechas de cenizas de vidas pasadas.
Cartas que vuelan como aves de rapiña
asechando a sus presas; vuelas, te desprendes
y desapareces como si no hubieses sido nada.