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vicios circulares circulando

licprof

Poeta fiel al portal
cuando no era el baile, era el sexo, o el cigarrillo, o el alcohol, o la marihuana, o el vicio prostibulario y onanista y muchas otras
cosas por el estilo, de las que les costaba salir (un huevo y la mitad del otro, mirados con un solo ojo)


al fin lo lograba o lo lograrìa, pero mientras tanto habìa gastado un dineral, una pequeña fortuna en toda clase de idioteces:
lo ideal era llevar una vida tranqui, tranca, en la cual leer, escribir y escuchar mùsica clàsica o cualquier otra pero mùsica
real y verdadera, no la basura habitual (vg. cuarteto) supuestamente popular


bailar con ello incluso, de ser posible: se balanceaba en esos ritmos, oscilante y pendular
leer los màs hermosos libros en el balcòn, bajo el sol del mediodìa o durante la tarde, aunque lloviznara incluso
asì viajar a otros mundos y abandonar a su suerte toda la merdosidad cotidiana, gurdjeff mediante, castañeda mediante


violines, por ejemplo, bartok, bela bartok, ya oido su nombre en el colegio, hace una puntada de años, luz


romper el idioma para ver què habìa adentro, si es que hay algo realmente, como un juguete, como una màquina desordenada
como un àrbol abandonado, cortado por viejo y podrido por dentro (eso al menos decìan desde la municipalidad)
mientras continuaba escribiendo en el piano letrado, el teclado letrìstico, un genio realmente quien lo inventò e inventariò


un genio verdaderamente, en rigor de verdad, un genio hecho y derecho, orquestal desde el vamos


no sabìa que bartok me fuera a gustar: mùsica verdaderamente extraña si las hay


el pasado como una cantera, como un yacimiento del cual pueden extraerse los màs ardientes y plàcidos materiales


de todas maneras, por la noche, irìa a caminar alrededor del parque, un par de
vueltas, solo por estirar las piernas
 
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