Adolfo Sepúlveda
Poeta recién llegado
Este silencio me ciega
Me siento en un cuarto oscuro
Donde ni un alma se percibe
Donde cualquier movimiento es un grito de auxilio
Mis huesos duelen
Mis carnes resuenan
Vibran bajo mi corazón
Que ya cansado sigue latiendo
Un grito escucho a mi lado
Como un alma en pena golpeando esa puerta
¡Esperen! ¡Viene hacia mí!
Y mi cuerpo se estremece
Veo sus ojos, el espejo de su alma
¿Por qué no la puedo ver en él?
De ese ente
Que, con su tacto, congela mis musculos
¿Será mi hora ya?
Después de ese grito
Me visita el silencio
y en un parpadeo
Ya no existo
Me siento en un cuarto oscuro
Donde ni un alma se percibe
Donde cualquier movimiento es un grito de auxilio
Mis huesos duelen
Mis carnes resuenan
Vibran bajo mi corazón
Que ya cansado sigue latiendo
Un grito escucho a mi lado
Como un alma en pena golpeando esa puerta
¡Esperen! ¡Viene hacia mí!
Y mi cuerpo se estremece
Veo sus ojos, el espejo de su alma
¿Por qué no la puedo ver en él?
De ese ente
Que, con su tacto, congela mis musculos
¿Será mi hora ya?
Después de ese grito
Me visita el silencio
y en un parpadeo
Ya no existo