IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Desnutrido el tiempo,
que fue de carne y hueso,
recordado en exceso,
ahora ceniza y viento,
danzan las hojas al compás del día,
porque lo único que siempre queda
es la luz de todo horizonte,
aquel, tan inmenso e indefinido,
no tiene final ni principio,
tiene espacio, de sobra,
tiene hambre y voluntad,
devorando al mundo,
caemos hundidos en sueños estelares,
de milenios entre anhelos,
de deseos trascendentales,
dominamos aquel velo,
que se muestra, siempre, tan irreal,
desnudamos al conocimiento,
y conocemos la verdadera voluntad
del misterio de cada día, en cada noche,
como sueño transitorio, pero eterno,
admiramos la verdad del alma única.
que fue de carne y hueso,
recordado en exceso,
ahora ceniza y viento,
danzan las hojas al compás del día,
porque lo único que siempre queda
es la luz de todo horizonte,
aquel, tan inmenso e indefinido,
no tiene final ni principio,
tiene espacio, de sobra,
tiene hambre y voluntad,
devorando al mundo,
caemos hundidos en sueños estelares,
de milenios entre anhelos,
de deseos trascendentales,
dominamos aquel velo,
que se muestra, siempre, tan irreal,
desnudamos al conocimiento,
y conocemos la verdadera voluntad
del misterio de cada día, en cada noche,
como sueño transitorio, pero eterno,
admiramos la verdad del alma única.