prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me descongelo, a veces, y empiezan a oler los muertos que llevo dentro.
Me separo de la dinastía de hiedras del crepúsculo.
Me compro un perro feroz y lo azuzo contra mi fantasma
que se refugia en una religión de farolas.
Enciendo mi pipa de aguaceros.
Imito al silencio
de la pradera donde las hadas crucifican los innobles tallos de rosa.
Me pudro de adolescencia como los relámpagos.
Asisto a la disección de los puentes. Devoro arterias de roca.
Cubro al recuerdo con sábanas de alcohol
y le canto la nana de los vencidos.
Visito al cabaret donde las almas hacen nudismo
y hago petición nuevamente de incorporarme en una legión de quimeras.
Me vuelvo crimen de mi eclipse.