Ente conmutativo. Esencia placentera; en la gloria de la inmutabilidad eterna. En el fiat llamativo reposas como un haz estelar de omnisapiencia infinita. ¡ Oh ! Verbo. Ahora te encarnas en una criatura finita. Para estupor de los incrédulos y escépticos. Eres el hazme reír de los soberbios. Más tú los hundes en la miseria de la muerte espiritual. Eres la fragua ardiente. Donde trabaja sin descanso el dios inmanente. Mientras que el trascendente se evapora. A años luz del pleroma embarazado de ideas ejemplares. ¡ Oh ! sí. Dios y Verbo Encarnado. Tu fragancia de amapola y rosa ígnea irradia luces sobrenaturales. Que abren los cráneos de los creyentes. Y devastan los cuerpos hasta espiritualizarlos. Verbo Encarnado. No soy digno de que mores en mí. Mas tu paz se apodera de mi mente. Hasta que se vuelve un remanso de paz desiderativa.