Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Siento el hechizo
de sus ojos y
contengo la respiración,
en mi habitación irrumpe
un muerto viviente.
En el filo de la cuchilla
lo sigo hacia la
oscuridad profunda y
ningún poder sobre
la tierra podrá impedirlo…
¡Cruel destino!
Esta noche liado
a un sueño profundo
monitoreo el miedo,
intenso como la oscuridad.
Atado al lecho dentro
de una pesadilla opresiva,
no puedo creerlo,
mi vida transcurrirá
entre chillidos y quejas.
En mi interior
el pavor se retuerce
entre las vísceras,
el cuerpo se vacía cuando
es succionada la sangre,
jugo de la vida.
Quedo en agonía,
ya no podré jamás
apreciar el despuntar
de la aurora:
¡La luz del sol
me convertiría en cenizas!
de sus ojos y
contengo la respiración,
en mi habitación irrumpe
un muerto viviente.
En el filo de la cuchilla
lo sigo hacia la
oscuridad profunda y
ningún poder sobre
la tierra podrá impedirlo…
¡Cruel destino!
Esta noche liado
a un sueño profundo
monitoreo el miedo,
intenso como la oscuridad.
Atado al lecho dentro
de una pesadilla opresiva,
no puedo creerlo,
mi vida transcurrirá
entre chillidos y quejas.
En mi interior
el pavor se retuerce
entre las vísceras,
el cuerpo se vacía cuando
es succionada la sangre,
jugo de la vida.
Quedo en agonía,
ya no podré jamás
apreciar el despuntar
de la aurora:
¡La luz del sol
me convertiría en cenizas!
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