vronte
Poeta infiel al portal
Tensamente
a la luz del medio día temblaban mis rodillas;
una extraña melodía y me sangraban las encías.
Soy testigo de una historia que se acaba,
una mota a la deriva en medio de un curioso ruido que es la vida.
Tan pristina,
dulce y agria como esquizofrenia consentida;
amor, indiferencia, virtuosismo y algún mediocre intento de salida.
La quieta herida,
dolor que te aniquila o te mantiene firme y decidida.
Es entonces cuando la piel se abre secreta,
y da la bienvenida a un temblor que electrifica la presencia;
un líquido que es amargo es lo que ingiere tu inocencia
Cuando el néctar irrumpe fuerte en las entrañas,
y de pronto agradeces el regalo olvidando la vergüenza desatada,
boca abierta y receptiva cual juguete hipnotizada.
La noche aguarda,
el cuerpo que se entrega
hacia el olvido intermitente de los años y la espera…
por la llegada inevitable un presente que no cela.
a la luz del medio día temblaban mis rodillas;
una extraña melodía y me sangraban las encías.
Soy testigo de una historia que se acaba,
una mota a la deriva en medio de un curioso ruido que es la vida.
Tan pristina,
dulce y agria como esquizofrenia consentida;
amor, indiferencia, virtuosismo y algún mediocre intento de salida.
La quieta herida,
dolor que te aniquila o te mantiene firme y decidida.
Es entonces cuando la piel se abre secreta,
y da la bienvenida a un temblor que electrifica la presencia;
un líquido que es amargo es lo que ingiere tu inocencia
Cuando el néctar irrumpe fuerte en las entrañas,
y de pronto agradeces el regalo olvidando la vergüenza desatada,
boca abierta y receptiva cual juguete hipnotizada.
La noche aguarda,
el cuerpo que se entrega
hacia el olvido intermitente de los años y la espera…
por la llegada inevitable un presente que no cela.
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