Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Las avenidas indiferentes
y sus ruidos,
mi presencia entre
las aceras desnudas.
El desplazarse en los
días detenidos,
en el sector urbano,
prolongación de
mi existencia,
quien gaste
sus mañanas
en estas calles
que tenga cuidado.
Las gentes no viven,
se ocupan
en los almacenes,
el pájaro de la longitud
vuela por las
gargantas oscuras,
se da la vuelta
buscando en
vano la salida,
entre las calles,
entre todas los calles,
y la ilusión es
una hoja (de papel )
que cae,
a la cual el viento agita y
el sol dora,
basurero enorme.
Quizá querrías
tomar un autobús,
o un coche, ida y vuelta,
el paisaje será
probablemente bonito.
Allá abajo,
todo se aplasta:
Los sectores
de la calentura,
las vías secundarias
detrás de la catedral,
las memorias,
después de
guerras olvidadas,
han huido hacia abajo,
a la orilla,
a la cumbre
de la tierra,
invadiendo cual langostas.
y sus ruidos,
mi presencia entre
las aceras desnudas.
El desplazarse en los
días detenidos,
en el sector urbano,
prolongación de
mi existencia,
quien gaste
sus mañanas
en estas calles
que tenga cuidado.
Las gentes no viven,
se ocupan
en los almacenes,
el pájaro de la longitud
vuela por las
gargantas oscuras,
se da la vuelta
buscando en
vano la salida,
entre las calles,
entre todas los calles,
y la ilusión es
una hoja (de papel )
que cae,
a la cual el viento agita y
el sol dora,
basurero enorme.
Quizá querrías
tomar un autobús,
o un coche, ida y vuelta,
el paisaje será
probablemente bonito.
Allá abajo,
todo se aplasta:
Los sectores
de la calentura,
las vías secundarias
detrás de la catedral,
las memorias,
después de
guerras olvidadas,
han huido hacia abajo,
a la orilla,
a la cumbre
de la tierra,
invadiendo cual langostas.
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