Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un día dejaré de llorar con las
canciones para niños, mis ojos
no sufrirán al entonar garabatos
que hoy son fúnebres.
Me la paso saltando entre el latín
aterrador y no de los cantos
gregorianos, yo me refugié en
aquellos acordes ruidosos y potentes
en aquellas letras con sangre y
voces que no sabemos de donde
salen.
Un día dejaré de pensar en sus
labios, en sus horizontes de papel
en sus curvas de cartón y en su
presencia difuminada.
En las noches de los años noventas
ella se transformaba en gato, en
cuervo, su cuerpo sufría y daba
alaridos, ella corría por los pasillos
después no recordaba nada y me
llamaba loca.
Eduardo llegó en la esclavitud de los
ciervos, Eduardo se metió muy duro
muy adentro, y yo me perdí en su boca
en sus ojos macabros, me revoloteaban
mariposas negras y tétricas.
Eduardo mucho tiempo fue mi dulce
sabor al infierno él se volvió esa historia
de juventud y de la ciudad infinita, él
me escarbó los sentimientos.
Metió sus uñas pintadas de carmín
y me pellizcó los intestinos luego se
convirtió en hechicero y con carbón
me remarcó lo que ya tenía yo escondido
esa cosa de Maquiavelo.
Y las uñas de mi abuela estaban verdes
las uñas de mi madre eran artificiales.
Yo no sé quien sea mi madre...
Puede ser una abeja, puede
ser una mantís, puede ser
una partícula y una
sensación hórrida.
Los golpes se me han acentuado
el mundo se acabo y ni cuenta
nos dimos.
canciones para niños, mis ojos
no sufrirán al entonar garabatos
que hoy son fúnebres.
Me la paso saltando entre el latín
aterrador y no de los cantos
gregorianos, yo me refugié en
aquellos acordes ruidosos y potentes
en aquellas letras con sangre y
voces que no sabemos de donde
salen.
Un día dejaré de pensar en sus
labios, en sus horizontes de papel
en sus curvas de cartón y en su
presencia difuminada.
En las noches de los años noventas
ella se transformaba en gato, en
cuervo, su cuerpo sufría y daba
alaridos, ella corría por los pasillos
después no recordaba nada y me
llamaba loca.
Eduardo llegó en la esclavitud de los
ciervos, Eduardo se metió muy duro
muy adentro, y yo me perdí en su boca
en sus ojos macabros, me revoloteaban
mariposas negras y tétricas.
Eduardo mucho tiempo fue mi dulce
sabor al infierno él se volvió esa historia
de juventud y de la ciudad infinita, él
me escarbó los sentimientos.
Metió sus uñas pintadas de carmín
y me pellizcó los intestinos luego se
convirtió en hechicero y con carbón
me remarcó lo que ya tenía yo escondido
esa cosa de Maquiavelo.
Y las uñas de mi abuela estaban verdes
las uñas de mi madre eran artificiales.
Yo no sé quien sea mi madre...
Puede ser una abeja, puede
ser una mantís, puede ser
una partícula y una
sensación hórrida.
Los golpes se me han acentuado
el mundo se acabo y ni cuenta
nos dimos.