Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
UNA VELA Y UNA GOTA DE AGUA
Una vela encendida
y la laboriosidad inclemente
de una gota de agua,
se unen, se entremezclan,
para ser los embajadores oportunos
de una tregua antes denegada;
el atajo sólo abre
para los que saben mirar centelleante
el latido del asombro,
esa pulpa acérrima con que es posible
despegar la piel de su talco malsano,
de esa pesadez que asfixia
y apesta las pupilas.
Una vela al lado de una gota sigilosa cayendo;
sólo a veces muy escasas- se da
la reconciliación de las formas,
la materia se abraza en un sólo núcleo
abarcando microcosmos y tiempo,
reavivándonos toda esperanza
que creíamos trunca, declinable.
Una vela encendida
y la laboriosidad inclemente
de una gota de agua,
se unen, se entremezclan,
para ser los embajadores oportunos
de una tregua antes denegada;
el atajo sólo abre
para los que saben mirar centelleante
el latido del asombro,
esa pulpa acérrima con que es posible
despegar la piel de su talco malsano,
de esa pesadez que asfixia
y apesta las pupilas.
Una vela al lado de una gota sigilosa cayendo;
sólo a veces muy escasas- se da
la reconciliación de las formas,
la materia se abraza en un sólo núcleo
abarcando microcosmos y tiempo,
reavivándonos toda esperanza
que creíamos trunca, declinable.
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