Una urgencia me acecha,
me acelera los pulsos.
Los sentidos cabalgan
por las venas roídas,
como épicos jinetes
combatiendo al olvido.
Se encienden las alertas,
se deshace el futuro.
Desde el fondo del tiempo
llegan arrolladoras,
las ganas de explotar
todos los engranajes
que me mantienen tieso,
qué sujetan mis pasos
a ver pasar los días,
repetidos, iguales,
sin que nadie cuestione
el porqué de su vida.
Permanezco en alerta,
agudizo el oído,
y escucho claramente
ese goteo incesante,
de los instantes muertos
que se fugan del tiempo,
sin que nada remiende
esa pérdida eterna,
en este devenir
que no tiene salida.
Sabiendo que la muerte
es una cueva negra,
una sombra inminente
que todo se lo lleva.
me acelera los pulsos.
Los sentidos cabalgan
por las venas roídas,
como épicos jinetes
combatiendo al olvido.
Se encienden las alertas,
se deshace el futuro.
Desde el fondo del tiempo
llegan arrolladoras,
las ganas de explotar
todos los engranajes
que me mantienen tieso,
qué sujetan mis pasos
a ver pasar los días,
repetidos, iguales,
sin que nadie cuestione
el porqué de su vida.
Permanezco en alerta,
agudizo el oído,
y escucho claramente
ese goteo incesante,
de los instantes muertos
que se fugan del tiempo,
sin que nada remiende
esa pérdida eterna,
en este devenir
que no tiene salida.
Sabiendo que la muerte
es una cueva negra,
una sombra inminente
que todo se lo lleva.