<<HIPOLITO>>
Poeta asiduo al portal
Ella no era una rosa,
no tiene espinas en el cuerpo
sino dentro de ella,
y con ellas creó jaulas
que albergaron sus emociones,
las cuales no dejó salir
ni mostrarse ante la platea.
Sus gritos se volvieron tinta
que se adosó a su piel
para no escaparse al viento
y así volverse un grito eterno.
El sol le pidió permiso a su pelo
y también a su cuerpo
para poder abrazarse con ellos,
para que ella jugara con lo divino,
mientras la luna…
solo la miraba de lejos,
agradecida de tanto suspiro regalado,
agradecida de tantas canciones,
agradecida de tantas lágrimas
que le entregó solo a ella.
Ella no era una rosa,
pero forja su armadura
hecha de carne y huesos;
la forja a golpes y a hierro,
a sudor y a sangre.
A veces hay risas y fragilidad,
pero las esconde bajo la arena.
Ella tiene sus alas reparadas,
y así es perfecta.
Y así aún volaba.
Tiene cicatrices sin marcar,
lecciones aprendidas a golpes,
porque si la letra entra con sangre,
los errores se pagan en silencio.
Ella tiene la mirada perdida
frente al mar y a las estrellas,
y así era perfecta,
no por ser bella —aunque lo sea—,
sino porque no es una rosa,
y no tiene espinas en el cuerpo.
Tú la verás reír sin fronteras,
aunque esté navegando
en un barco junto a la tormenta.
Ella no era una rosa.
Ella es una Orquídea,
pero no lo sabe…
porque no sabe
que una Orquídea no es para cualquiera.
Porque ella puede sostenerse sola
sobre lo mínimo,
sobre casi el aire,
y con solo un poco de humedad
y apenas un puñado de tierra.
Como Orquídea necesita cuidados:
ni mucho de esto,
ni poco de aquello…
solo constancia.
Porque la resiliencia brota en su flor,
y así el amor brota por sus poros,
como brotan estas palabras,
como brota este estúpido rimador.
no tiene espinas en el cuerpo
sino dentro de ella,
y con ellas creó jaulas
que albergaron sus emociones,
las cuales no dejó salir
ni mostrarse ante la platea.
Sus gritos se volvieron tinta
que se adosó a su piel
para no escaparse al viento
y así volverse un grito eterno.
El sol le pidió permiso a su pelo
y también a su cuerpo
para poder abrazarse con ellos,
para que ella jugara con lo divino,
mientras la luna…
solo la miraba de lejos,
agradecida de tanto suspiro regalado,
agradecida de tantas canciones,
agradecida de tantas lágrimas
que le entregó solo a ella.
Ella no era una rosa,
pero forja su armadura
hecha de carne y huesos;
la forja a golpes y a hierro,
a sudor y a sangre.
A veces hay risas y fragilidad,
pero las esconde bajo la arena.
Ella tiene sus alas reparadas,
y así es perfecta.
Y así aún volaba.
Tiene cicatrices sin marcar,
lecciones aprendidas a golpes,
porque si la letra entra con sangre,
los errores se pagan en silencio.
Ella tiene la mirada perdida
frente al mar y a las estrellas,
y así era perfecta,
no por ser bella —aunque lo sea—,
sino porque no es una rosa,
y no tiene espinas en el cuerpo.
Tú la verás reír sin fronteras,
aunque esté navegando
en un barco junto a la tormenta.
Ella no era una rosa.
Ella es una Orquídea,
pero no lo sabe…
porque no sabe
que una Orquídea no es para cualquiera.
Porque ella puede sostenerse sola
sobre lo mínimo,
sobre casi el aire,
y con solo un poco de humedad
y apenas un puñado de tierra.
Como Orquídea necesita cuidados:
ni mucho de esto,
ni poco de aquello…
solo constancia.
Porque la resiliencia brota en su flor,
y así el amor brota por sus poros,
como brotan estas palabras,
como brota este estúpido rimador.