Maroc
Alberto
Tienes que contármelo todo
porque los expedientes
desde la época de “La Movida”
están en servicios sociales,
sabes conducir
con los retrovisores empapados
de lluvia rugiendo
como adherencia sin una goma
tras una manga pastelera,
debes saber lo que te gusta
mientras aún lo tienes,
coge el poder,
animal de fruto y vida
consuélame cuando suena la radio
descorriendo las rosas
espalda contra espalda
obligado como un perro por el parque
entre los cristales de la naturaleza
y sus escondites favoritos,
¿puedes hacerme una proposición sobre la tristeza de los televisores?,
aterrizas cada vez en una pista,
te agitas a medio hacer en la salud
con esa ternura feroz de mariposa luna
que va cortando por el arcén sombras como punto del universo,
la semilla de la vida se entretuvo
hablando con la independencia,
planificando tu mirada,
solo quiero decir
con los muslos como alas azules
que la razón descompuesta
también come
en la ceremonia del esfuerzo y la saliva,
no tengo manos arbóreas
sin el poder de los cantos de sirena
para alegrarme al ver paz
entre lo jamás malintencionado,
sin azúcar,
en el abandono de mi espíritu
al puerto silencioso
donde no se siente absolutamente nada.
porque los expedientes
desde la época de “La Movida”
están en servicios sociales,
sabes conducir
con los retrovisores empapados
de lluvia rugiendo
como adherencia sin una goma
tras una manga pastelera,
debes saber lo que te gusta
mientras aún lo tienes,
coge el poder,
animal de fruto y vida
consuélame cuando suena la radio
descorriendo las rosas
espalda contra espalda
obligado como un perro por el parque
entre los cristales de la naturaleza
y sus escondites favoritos,
¿puedes hacerme una proposición sobre la tristeza de los televisores?,
aterrizas cada vez en una pista,
te agitas a medio hacer en la salud
con esa ternura feroz de mariposa luna
que va cortando por el arcén sombras como punto del universo,
la semilla de la vida se entretuvo
hablando con la independencia,
planificando tu mirada,
solo quiero decir
con los muslos como alas azules
que la razón descompuesta
también come
en la ceremonia del esfuerzo y la saliva,
no tengo manos arbóreas
sin el poder de los cantos de sirena
para alegrarme al ver paz
entre lo jamás malintencionado,
sin azúcar,
en el abandono de mi espíritu
al puerto silencioso
donde no se siente absolutamente nada.
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