lluviadeabril
lluvia & rain
Duermes profundamente en la tranquilidad de su cuerpo, en la seguridad de su pecho. Te arrulla una suave caricia - su respiración y suspiros intermitentes –te adoran.
Por un segundo, él despierta. Busca tu cara detrás de tus rizos, los enreda en sus dedos, los aleja de tu rostro para encontrar tu mirada. Tus ojos duermen. Los ve dormir un segundo antes de besar tus labios con el pensamiento, los toca cuidadosamente con la yema de sus dedos amables, con devoción y ternura.
Duermes, duerme.
Te despierta el sonido del viento estrujando una puerta (parece) a lo lejos. Te levantas dormida buscando ése eco, el golpe, la puerta antes de que despierte. Caminas guiada del ruido ahora más cerca –le sientes.
Es así que llegas a una calle de antes, a ésa casa que tanto adoraste en la infancia. Es la casa de jardines eternos, una fuente y la silla del patio en donde tu abuela trenzaba tus rizos con listones rojos y amarillos.
Estás enfrente de ésa casa tan tuya, pero hay algo que no recuerdas y ahora te roba la calma: Te miran dos puertas idénticas, tal pareciera una sola –una puerta- reflejada al espejo. No entiendes.
Se aleja sin bondad la respiración y el corazón no encuentra lugar en tu pecho, se agita violentamente.
Te vuelves estatua viendo esas puertas de frente. Se abre y se cierra para siempre la puerta a tu derecha, ésa que lleva al jardín de la abuela, a la fuente y la silla al lado del jazmín predilecto.
Se abre y no cierra la puerta de la izquierda, como por arte de magia macabra. Algo te grita, te advierte que no entres. ¿Será tu conciencia? Ángel de la guarda no tienes. Esa voz te pide que inviertas los pasos.
¡Y no puedes!
Sigues caminando, llegas a la puerta. Entras a un pasillo. Te es conocido. Una angustia te acaba la calma tu corazón galopea queriendo escapar de tu pecho. Sabes lo que espera.
A dos pasos enfrente de tí camina una niña de vestido largo, amarillo claro. El pelo en rizos largos, lleva en la mano una muñeca de trapo con el pelo trenzado –y un listón amarillo.
Te sueltas en llanto descontrolado, angustiado frente a un cristal empañado. Ahí esta esa niña de seis, su mirada triste y su muñeca de trapo en la mano. Sus ojos no fingen, te acercas al cristal, mas no te oye la niña el cristal te impide alcanzarla.
Ella caminaal fondo de el pasillo entra a un cuarto –la puerta transparente se cierra. Sigue ella caminando hacia el rincon más oscuro del cuarto y tú le gritas a través de puerta y cristal “!espera chiquilla no entres!”
Se le acerca despacio el demonio, la rodea. Con palabras amables la hechiza, la duerme. Animal, se adueña de ella y de su inocencia –desgarrándole como a su muñeca y la niña jamás vuelve a jugar con ella.
Golpeas el cristal, le quieres salvar –pequeña niñita de seis.
El demonio se duerme, ella te ve y te consuela. Apiadada de ti dice algo que transciende puerta y cristal y llega al espacio de tu alma.
“No llores" te dice, "Ya paso –si no cuento mis padres me siguen queriendo."
Y que: "No digas por favor,” ruega.
Ven conmigo le dices en llanto, vayámonos juntas te daré mi muñeca de trapo. "No abre el cristal" te contesta.
Un llanto, desquiciado y profundo que quiebra conciencias y el alma completa. Llora ella contigo gritan sin pena y sin fuerza. Se quiebra el cristal.
De la mano regresan a salvo, pasando el jardín y la fuente –
Te abrazas a él fuerte – él te despierta y pregunta ¿Pesadillas amor? Cuéntame, cuéntame.
Tú no cuentas. Que tus padres te sigan queriendo.
Por un segundo, él despierta. Busca tu cara detrás de tus rizos, los enreda en sus dedos, los aleja de tu rostro para encontrar tu mirada. Tus ojos duermen. Los ve dormir un segundo antes de besar tus labios con el pensamiento, los toca cuidadosamente con la yema de sus dedos amables, con devoción y ternura.
Duermes, duerme.
Te despierta el sonido del viento estrujando una puerta (parece) a lo lejos. Te levantas dormida buscando ése eco, el golpe, la puerta antes de que despierte. Caminas guiada del ruido ahora más cerca –le sientes.
Es así que llegas a una calle de antes, a ésa casa que tanto adoraste en la infancia. Es la casa de jardines eternos, una fuente y la silla del patio en donde tu abuela trenzaba tus rizos con listones rojos y amarillos.
Estás enfrente de ésa casa tan tuya, pero hay algo que no recuerdas y ahora te roba la calma: Te miran dos puertas idénticas, tal pareciera una sola –una puerta- reflejada al espejo. No entiendes.
Se aleja sin bondad la respiración y el corazón no encuentra lugar en tu pecho, se agita violentamente.
Te vuelves estatua viendo esas puertas de frente. Se abre y se cierra para siempre la puerta a tu derecha, ésa que lleva al jardín de la abuela, a la fuente y la silla al lado del jazmín predilecto.
Se abre y no cierra la puerta de la izquierda, como por arte de magia macabra. Algo te grita, te advierte que no entres. ¿Será tu conciencia? Ángel de la guarda no tienes. Esa voz te pide que inviertas los pasos.
¡Y no puedes!
Sigues caminando, llegas a la puerta. Entras a un pasillo. Te es conocido. Una angustia te acaba la calma tu corazón galopea queriendo escapar de tu pecho. Sabes lo que espera.
A dos pasos enfrente de tí camina una niña de vestido largo, amarillo claro. El pelo en rizos largos, lleva en la mano una muñeca de trapo con el pelo trenzado –y un listón amarillo.
Te sueltas en llanto descontrolado, angustiado frente a un cristal empañado. Ahí esta esa niña de seis, su mirada triste y su muñeca de trapo en la mano. Sus ojos no fingen, te acercas al cristal, mas no te oye la niña el cristal te impide alcanzarla.
Ella caminaal fondo de el pasillo entra a un cuarto –la puerta transparente se cierra. Sigue ella caminando hacia el rincon más oscuro del cuarto y tú le gritas a través de puerta y cristal “!espera chiquilla no entres!”
Se le acerca despacio el demonio, la rodea. Con palabras amables la hechiza, la duerme. Animal, se adueña de ella y de su inocencia –desgarrándole como a su muñeca y la niña jamás vuelve a jugar con ella.
Golpeas el cristal, le quieres salvar –pequeña niñita de seis.
El demonio se duerme, ella te ve y te consuela. Apiadada de ti dice algo que transciende puerta y cristal y llega al espacio de tu alma.
“No llores" te dice, "Ya paso –si no cuento mis padres me siguen queriendo."
Y que: "No digas por favor,” ruega.
Ven conmigo le dices en llanto, vayámonos juntas te daré mi muñeca de trapo. "No abre el cristal" te contesta.
Un llanto, desquiciado y profundo que quiebra conciencias y el alma completa. Llora ella contigo gritan sin pena y sin fuerza. Se quiebra el cristal.
De la mano regresan a salvo, pasando el jardín y la fuente –
Te abrazas a él fuerte – él te despierta y pregunta ¿Pesadillas amor? Cuéntame, cuéntame.
Tú no cuentas. Que tus padres te sigan queriendo.
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