jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
... y cuando me sentaba en aquella playa
y desde mi sitio contemplaba aquella roca de la que
apenas si sobresalía del mar una escasa porción
me daba siempre por pensar -no sé por qué-
en cuántos se habrían sentado antes en ese mismo lugar
y habrían contemplado la roca y el mar batiendo sus flancos
y cuántos de todos esos que habían estado allí alguna vez
habrían muerto ya para entonces y cuántos
nos moriríamos más tarde hasta no quedar
ninguno vivo excepto los que llegarían más tarde
y se sentarían allí mismo y verían la roca oculta
casi por completo bajo el mar y divagarían pensando
en los incontables años que podía llevar ya
ahí plantada a escasos metros de la playa y divagarían pensando
en todos los que habrían estado antes en aquel lugar
y habrían podido contemplarla resistiendo incólume
el embate de las olas y al hacerlo habrían pensando
-como ahora lo pensaban ellos- que la vida
de los hombres es casi lo mismo que un soplo
de viento levantándose por un instante
en alguna olvidada playa al caer la tarde, un airecillo
que corre y da un par de vueltas de acá para allá
y acaricia los granos de arena y luego se desploma
y ya apenas exhala y entonces se queda quieto;
y que la muerte es una roca que no se mueve
por más viento y mar que arremetan contra ella