leoncio
Poeta recién llegado
Capítulo 1 un rayo de luz
Pequeño barranco que resguardas mi agonía y retienes la esperanza de virar a mi ciudad con una nueva expectativa, hazme creer que el tiempo aquí sentado no es vida perdida y que no existen sentimientos ahogados en una vasija vacía, dame el poder para ayudar a la gente que ha puesto en mis brazos sus sueños y esperanzas, y ayúdame a no caer ante este frio incesante que a diario atormenta a mi débil alma.
¡Vamos despierta! ¿Cómo te atreves a pedirle semejante favor a un objeto inamovible que no resguarda en su materia vida o alma alguna? Cierto, Se me había olvidado que este pequeño barranco, amigo de mis noches, solo es parte del todo y parte de nada. ¡Vaya que hace frio esta noche! Mi cuerpo se ha entumecido y solo quiere el resguardo del calor tibio de mi casa, pero ¿para qué volver? Si solo me espera la fría mirada de mis padres y una vida que no tiene nada de especial, solo una interminable costumbre.
-¡Hermano! ¡Hermano! ¿Qué haces aquí? Sentado en una noche poco benevolente.
- Estoy esperando a que cruce un rayo de luz entre las interminables columnas de nuestra ciudad. - ¿Un rayo de luz? Que no es un poco noche para que eso suceda, siento que estas medio loquito-.
Con una sonrisa en el rostro, y con el pecho agitado se había mostrado ante mí la razón que me hace volver todos los días a mi hogar.
- Me temo que tienes razón, pero acaso no te prohibió el doctor salir sin un acompañante, digo, con eso de que eres buena para estrellarte con los árboles.
-Sí lo sé; pero mis papas te tienen prohibido salir esta noche y si no quieres que les diga, es mejor que me lleves a toda velocidad a la casa. Ah niña rezongona, está bien tu ganas, vámonos a casa. ¡Vaya! hasta que dices algo bueno, ya me estaba muriendo de frío. ¡A que niña! Sostente fuerte de la silla que vamos a ir a toda velocidad; una, dos, tres. Heeee.
No importa que tan lejos estemos de nuestro hogar,
Siempre habrá algo que nos haga regresar.
Pequeño barranco que resguardas mi agonía y retienes la esperanza de virar a mi ciudad con una nueva expectativa, hazme creer que el tiempo aquí sentado no es vida perdida y que no existen sentimientos ahogados en una vasija vacía, dame el poder para ayudar a la gente que ha puesto en mis brazos sus sueños y esperanzas, y ayúdame a no caer ante este frio incesante que a diario atormenta a mi débil alma.
¡Vamos despierta! ¿Cómo te atreves a pedirle semejante favor a un objeto inamovible que no resguarda en su materia vida o alma alguna? Cierto, Se me había olvidado que este pequeño barranco, amigo de mis noches, solo es parte del todo y parte de nada. ¡Vaya que hace frio esta noche! Mi cuerpo se ha entumecido y solo quiere el resguardo del calor tibio de mi casa, pero ¿para qué volver? Si solo me espera la fría mirada de mis padres y una vida que no tiene nada de especial, solo una interminable costumbre.
-¡Hermano! ¡Hermano! ¿Qué haces aquí? Sentado en una noche poco benevolente.
- Estoy esperando a que cruce un rayo de luz entre las interminables columnas de nuestra ciudad. - ¿Un rayo de luz? Que no es un poco noche para que eso suceda, siento que estas medio loquito-.
Con una sonrisa en el rostro, y con el pecho agitado se había mostrado ante mí la razón que me hace volver todos los días a mi hogar.
- Me temo que tienes razón, pero acaso no te prohibió el doctor salir sin un acompañante, digo, con eso de que eres buena para estrellarte con los árboles.
-Sí lo sé; pero mis papas te tienen prohibido salir esta noche y si no quieres que les diga, es mejor que me lleves a toda velocidad a la casa. Ah niña rezongona, está bien tu ganas, vámonos a casa. ¡Vaya! hasta que dices algo bueno, ya me estaba muriendo de frío. ¡A que niña! Sostente fuerte de la silla que vamos a ir a toda velocidad; una, dos, tres. Heeee.