Caleidoscópicas visiones ciegas
Decoloran hacia el negro síntoma
De lo escaso, del profuso abismo
Que conforma el alma aun vigente,
Indigente quizá,
Mendigando razones subsidiarias,
Divagando en las entrañas
Como germen difundido
Desgarra su simbiótico sustento
Mendigos suspiros dispersados
Por el oxido de un ocaso infame,
Allí el barullo de mil risas
Desdibujan el cantar de las aves,
Allí se matan los gorgojos
Chapoteando en mi carne,
Y el cerebro se disuelve
En las ondas etílicas
Océano extenso
De imágenes verídicas.
Al centro, el recuerdo se dibuja,
Por sus bordes, hierro aguza
Intentando alcanzar
Aquel pasado lascivo
Cerceno las extensiones táctiles
De mi pecho que vagamente late.
Y por dos y tres se multiplican
Las cosas que no quiero percibir,
Me embriagan lágrimas;
Que ya no quiero sentir.
Pero imanta aquello
Que desangra en tu interior
Y en mi se extiende como mala hierba
Colapsando las fronteras de lo ansioso
Acometiendo en frustración,
En corrosión,
Que me devuelve
A ese vacío sangrante
Que se esconde
En la necrosis de la noche
Y los gusanos blancos
Que devoran el negro éter
En putrefacción,
De tantos sueños
Acumulados y olvidados
Escapando a la soledad
Que siempre alcanza
Y nunca basta
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