Mares Josefina
Poeta recién llegado
Un niño es un gran tipo.
Prototipo de causa y de principio
de ciencia, de juego, de paraíso.
Se monta en el tiempo como un peregrino
crea su propio mundo y su propio ritmo.
Cosecha, siembra, juega
instaura, doblega, se funde al infinito.
Así es un niño,
gasta las horas con entusiasmo
brinda, saborea
bebe la savia de la vida, como un manjar exquisito.
Extrae de ella la sustancia y la supera,
no se conforma nunca, no se limita.
Discrepa, interpela, escala, brinca, baila, rueda.
Ama, canta...
Amigo de las hadas
hechiza, fascina, seduce...
Encanta...
Solfea a la vida.
Sabe entrevistar, vaciar, rogar,
jugar, interferir ,
visitar, ver, conferenciar
temáticas diversas:
dragones
lluvia, trompos, sapos
castillos, pájaros…
Todo cabe en su mente,
todo lo guarda en sus bolsillos
_¡Repletos!_
Atestados de sueños...
de historias...
de paraísos, de quimeras.
Un niño:
Un alma generosa siempre,
un alma blanca
un alma liberal...
¡Espléndida!
¡Magnánima!
Que quita y da muy naturalmente...
¡Experimenta!
Su tiempo es infinito
no espera.
Transita, viaja , observa, crea...
Eternamente expectante,
vuela
extrae de la vida,
aprieta su sustancia.
Sana, libera.
Fortalece, instaura
nace, balbucea, camina a gatas,
como una crisálida hasta que la naturaleza le consiente.
Finalmente corre, vuela
planea, surca, navega
hacia esa cita pendiente con la vida
aplazada por el tiempo líquido,
Con frenesí le canta al viento su delirio.
al placer de descubrirse, interpretarse,
ser simplemente él mismo.
¡Que majestad, que magisterio y que grandeza!
¡Sin duda alguna mensajero... de un Dios Divino!