JC Ventura
Poeta recién llegado
Un mundo en la sombra,
como un nudo, una peonza
girando por encima de la superficie helada
de un océano infinito
al que descuidadamente llamamos
La Nada.
Ecos de aullidos amordazados
reverberando por la ladera estéril
de la Sagrada Montaña
de los Sabios, los Grandes y los Poderosos.
¡Cuán insignificantes
parecen a su lado estos versos,
este minúsculo mundo en la sombra!
Mas no hay razón para el desahucio,
este pedazo de tierra es, ¡sí! todo un mundo
rebosante de vida, palpitante...
Tal vez se halle ahora entre tus manos,
o susurrándote al oído,
o en un bolsillo de tu abrigo,
o en ese rincón polvoriento y atestado de tedio,
pero si te encuentra
te devorará,
desgarrará tus entrañas,
te arrastrará hasta el desierto
y te evaporará,
olvidarás tu nombre,
tu religión,
y pasará por el fuego del crisol
tus más oscuros pensamientos y motivos
(aquí en éste polvoriento cielo
todos somos cautivos,
presas fáciles del olvido).
¡Cuánto de lo que somos y hacemos
es sólo puro vacío!
Vagando,
errando,
como hojas secas somos empujados
por la inexorable condena del calendario y la agenda,
para, finalmente,
ser devorados por la indiferencia.
¡Oh hijos de la eterna incertidumbre,
hermanos del desencanto!
¿Cuántos de vosotros estáis dispuestos
a extirpar de vuestras entrañas
el cáncer de la conformidad?
Cantémosle
a nuestra invisibilidad más siniestra,
a nuestro alarido anónimo.
Recemos nuestro credo
a la creatividad desbocada,
a nuestro odiado prójimo.
Démosle un nuevo nombre
a cada partícula de la vida,
absorbamos hasta la última gota
de toda la belleza que nos rodea
hasta caer desplomados
en la más salvaje de las borracheras.
¿Acaso no somos algo más que un cuerpo,
extremidades y hueso?
¿O talvez hemos llegado hasta aquí
tan solo para hacernos viejos
y finalmente lucir un hermoso epitafio,
quizá el más hermoso del cementerio?