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Un hombre ha muerto al amanecer

Charly0092

Poeta recién llegado
Disfruto escribir en pasado,
pero luego me susurra una voz:
“no fui, soy, aunque también he sido.”


He sido las pieles necesarias,
he habitado los cuerpos que yacen tendidos
en el asfalto tibio.
Y con gotas de nostalgia,
De luz tenue,
a veces me presumo perdido.



He sido los cuerpos necesarios,
pero donde termino yo y empieza el otro
esa línea se difumina, se extingue,
como la frontera de un sueño roto.



Quisiera habitar esa piel también,
apagar este fuego
en la ceniza del cuerpo ajeno.


Mas la acidez lúgubre
corroe desde adentro,
como un eco que grita,
que no calla, que no cesa.


Como un cuerpo ajeno,
ardiendo perpetuo,
que aún respira fuego
aunque se presuma ya muerto.



Un hombre ha muerto al amanecer.
Era metal líquido,
dorado, maleable.


Los adverbios se aferran al pulgar,
a los labios,
a la luz.


Ojos que tiemblan, que observan,
que penetran el alma,
que gritan mientras los labios callan.


Las piernas se alejan,
se corren, se desvían.


Los ojos nunca mienten.


Un hombre ha muerto al amanecer:
un suicida,
un romántico.


Mas la acidez lúgubre
corroe por dentro,
un eco que grita,
que no calla, que no cesa.


Cuerpo ajeno,
ardiendo perpetuo,
respira fuego
aunque se presuma muerto.


Un hombre ha muerto al amanecer
y de su lecho, de su cuerpo,
nacen narcisos,
nace el viento,
nace el campo.
 
Disfruto escribir en pasado,
pero luego me susurra una voz:
“no fui, soy, aunque también he sido.”


He sido las pieles necesarias,
he habitado los cuerpos que yacen tendidos
en el asfalto tibio.
Y con gotas de nostalgia,
De luz tenue,
a veces me presumo perdido.



He sido los cuerpos necesarios,
pero donde termino yo y empieza el otro
esa línea se difumina, se extingue,
como la frontera de un sueño roto.



Quisiera habitar esa piel también,
apagar este fuego
en la ceniza del cuerpo ajeno.


Mas la acidez lúgubre
corroe desde adentro,
como un eco que grita,
que no calla, que no cesa.


Como un cuerpo ajeno,
ardiendo perpetuo,
que aún respira fuego
aunque se presuma ya muerto.



Un hombre ha muerto al amanecer.
Era metal líquido,
dorado, maleable.


Los adverbios se aferran al pulgar,
a los labios,
a la luz.


Ojos que tiemblan, que observan,
que penetran el alma,
que gritan mientras los labios callan.


Las piernas se alejan,
se corren, se desvían.


Los ojos nunca mienten.


Un hombre ha muerto al amanecer:
un suicida,
un romántico.


Mas la acidez lúgubre
corroe por dentro,
un eco que grita,
que no calla, que no cesa.


Cuerpo ajeno,
ardiendo perpetuo,
respira fuego
aunque se presuma muerto.


Un hombre ha muerto al amanecer
y de su lecho, de su cuerpo,
nacen narcisos,
nace el viento,
nace el campo.
Una intensa nostalgia y sufrimiento.
La vida cambiará.

Saludos
 
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