Osidiria
Poeta asiduo al portal
Desde muy pequeño
tuvo que demostrar que no llevaba la violencia en la piel
desnudándose y quemando todo rastro de tierra ajena que hubiera en él
y demostrando que nunca había ocupado por la fuerza
ninguna huella que no le perteneciera, todo en vano,
porque él siempre supo que no sólo las balas dejan a los niños sin padre,
las palabras, decía, llevan tanto luto como las guerras
y también el silencio culpable de quien las alimenta
lavándose las manos en una escupidera de plata.
El humo contaminado del Botafumeiro
ha cubierto el techo del cerebro del espantapájaros
con imágenes y proclamas a favor de un mundo moribundo
que se arrastra a los pies de un futuro sin primaveras,
en los lugares de culto solo se oyen el croar de las ranas
y debajo del enlosado del claustro
corren las aguas fecales hacia un destino desconocido
que Dios sabe qué nuevos malos augurios nos traerán.
El sabio barbudo de esqueleto frágil,
cansado de recuerdos felices huye al hambre del desierto
para ser devorados por el silencio,
cuando su tiempo se haya agotado
nadie echara de menos las piedras que le cubren,
y Dios, el diablo o quien tenga poder para ello
le mantenga siempre bien lejos de nuestros recuerdos.
***
**
*
tuvo que demostrar que no llevaba la violencia en la piel
desnudándose y quemando todo rastro de tierra ajena que hubiera en él
y demostrando que nunca había ocupado por la fuerza
ninguna huella que no le perteneciera, todo en vano,
porque él siempre supo que no sólo las balas dejan a los niños sin padre,
las palabras, decía, llevan tanto luto como las guerras
y también el silencio culpable de quien las alimenta
lavándose las manos en una escupidera de plata.
El humo contaminado del Botafumeiro
ha cubierto el techo del cerebro del espantapájaros
con imágenes y proclamas a favor de un mundo moribundo
que se arrastra a los pies de un futuro sin primaveras,
en los lugares de culto solo se oyen el croar de las ranas
y debajo del enlosado del claustro
corren las aguas fecales hacia un destino desconocido
que Dios sabe qué nuevos malos augurios nos traerán.
El sabio barbudo de esqueleto frágil,
cansado de recuerdos felices huye al hambre del desierto
para ser devorados por el silencio,
cuando su tiempo se haya agotado
nadie echara de menos las piedras que le cubren,
y Dios, el diablo o quien tenga poder para ello
le mantenga siempre bien lejos de nuestros recuerdos.
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