Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ULTIMA PÁGINA
Nada trajo aquí la palabra,
no el giro en la mirada escrutando los dominios
cuando el día ensopaba en lluvia los colores,
no el remanso que declina su portentoso aislamiento
para reclamar victorioso la heredad en las muchedumbres;
nadie trajo consigo los cayados, los estiletes, los listones,
la imposible piedra, el cultual papiro, el gestual pergamino
erigiendo la honorabilidad de los egregios comensales.
Nadie convidó las esquelas, los lápices, las plumas,
los férreos silogismos para deconstruir la forma
y en simultánea, desarraigar los horcones
donde la sabiduría edificaba sus templos escindidos.
Ni la labia con su efervescencia incendiando espolones y capiteles,
ni la oratoria proclamando auriverdes escozores,
ni los dialectos de la bestialidad desafiando el orden transigente,
ni las monorrítmicas odas, ni las épicas altivas,
organizando los lestrigones para derribar ambivalentes atilas
desovando la errátil virtud del instante.
Ninguno trajo la tinta, la pluma, el texto, el léxico apropiado,
ni registró aquí su firma de niebla.
Este poema es de nadie.
Nada trajo aquí la palabra,
no el giro en la mirada escrutando los dominios
cuando el día ensopaba en lluvia los colores,
no el remanso que declina su portentoso aislamiento
para reclamar victorioso la heredad en las muchedumbres;
nadie trajo consigo los cayados, los estiletes, los listones,
la imposible piedra, el cultual papiro, el gestual pergamino
erigiendo la honorabilidad de los egregios comensales.
Nadie convidó las esquelas, los lápices, las plumas,
los férreos silogismos para deconstruir la forma
y en simultánea, desarraigar los horcones
donde la sabiduría edificaba sus templos escindidos.
Ni la labia con su efervescencia incendiando espolones y capiteles,
ni la oratoria proclamando auriverdes escozores,
ni los dialectos de la bestialidad desafiando el orden transigente,
ni las monorrítmicas odas, ni las épicas altivas,
organizando los lestrigones para derribar ambivalentes atilas
desovando la errátil virtud del instante.
Ninguno trajo la tinta, la pluma, el texto, el léxico apropiado,
ni registró aquí su firma de niebla.
Este poema es de nadie.
Última edición: