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Ultima madrugada en el bar Bucowsky

d.m.g

Poeta recién llegado
El viejo marino ama los peces.
Marcela y Miguel odian los peces.

El viejo marino ama las manchas de humedad en las paredes.
Marcela y Miguel odian las manchas de humedad en las paredes.


El viejo poeta ama las manchas de humedad.
El viejo marino ama los peces.
Marcela ama abrazar el vapor
Y abraza el frío.


Miguel ama los abrazos de los espejos
Miguel ama licuarse sobre las mesas
Miguel ama evaporarse
Miguel ama el frío.

Una gota rueda sobre la mesa de un bar
Una gota rueda sobre la mejilla del viejo marino
Una gota rueda sobre la memoria de una gota condensada
sobre la mesa de un bar.

El viejo poeta ama los bares
El bar en cuyas mesas se licúan Marcela y Miguel
lleva el nombre del viejo poeta.


Cuando llegue el frío Miguel verá como Marcela
se condensa sobre el ladrillo.
Cuando llegue el frío Marcela descubrirá a Miguel poblándose de Escamas.

Cuando llegue el frío,
supongo,
alguien tendrá que abrazar
a cada uno de ellos.

Existe una esquina donde las calles comienzan a repetirse,
los sueños comienzan a asemejarse a las contradicciones
y un marino de brazos cruzados espera
apoyado sobre la pared de un bar
que lo abracen de vez en cuando.

Es la esquina porteña que los contiene a los tres gota a gota.
Y yo que los conozco a los tres
sé que el viejo marino seguirá esperando,
Marcela olvidará tal vez su propio nombre
y Miguel seguirá abrazando esquinas.

Conocí hace tiempo
a un viejo poeta

que se descubrió
frente a un espejo
que se le reía a carcajadas
con una sonrisa de mil años.

Y también una esquina
un cuadro
una mujer
un hombre.

Casualmente todos conocían el nombre
del viejo poeta
Bucowsky
era el nombre del poeta
del bar que los contenía.
 
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