Tú te lo has buscado.
Ya no sé dónde acudir
con mis ojos al mirarte,
si a tu pelo ensortijado
o a tu ojos, olivares.
Mis pupilas se dilatan
para siempre allí encerrarte,
por eso cierro mis párpados
para hacerlos como cárceles.
No sé si mirar tus labios
en esta duda constante
ya que imagino sus besos
que me arañaron la carne.
O sin que nadie me mire
en tu escote recrearme
para llevármelo luego
en un recuerdo imborrable.
Bajando despues furtivo
a las curvas de tu talle
y a tus dos piernas de ninfa
que flotan con tu donaire.
Y no puedo hacer esclavos
a mis ojos inflamables,
que se incendian como ascuas
rojos y llenos de sangre.