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Tu flagelo

Faustgalen

Poeta recién llegado
Astros heresiarcas fulguran en tu esternón,

y una daga serpenteante abren ríos de luz:

que añoran el clímax de un dolor, henchido de palabras oscuras,

¡mira como arde el corazón del mudo y los delfines que cabalga!

y un habitáculo amatista, el vacío doblemente hondo,

de los apátridas sin palabras,

tú, semilla bendita de jerga afilada,

y el sueño de un flagelo es tu liberación.


¡Calma la tormenta! alma bendita que elevas los brazos,

sin abrazos,

y doblega la razón, aúpa la mano con una plegaria al Dios muerto,

y entrega tu dolor al Dios, que susurra cuando lloras,

arpa, cascabel y truenos,

un presbiterio que invita a la resignación,

al sonido de la nada, a volver al silencio,

cuando la calma cese el llanto, de años acumulados,

cuando los abrazos transfiguren a tumbas y las flores embriaguen tu entorno de muerte,

y labios exangües de amantes catalicen el amor por odio,

serás libre conmigo y la serpiente morderá tu corazón,

¡amada mía! ¡somos uno!

ora el dolor: éxtasis.


Pluma de ángel que te meces en las ondas esmeraldas del Leteo,

y que forman diademas de flores y tus manos, como barrotes, el corazón.

Un camino de luz, gruta opalescente, que purifica el dolor; un viaje sin retorno,

al incognoscible.


~Jorge Betancourt, 6 de enero del 2023.
 
Última edición:
Astros heresiarcas fulguran en tu esternón,

y una daga serpenteante abren ríos de luz:

que añoran el clímax de un dolor, henchido de palabras oscuras,

¡mira como arde el corazón del mudo y los delfines que cabalga!

y un habitáculo amatista, el vacío doblemente hondo,

de los apátridas sin palabras,

tú, semilla bendita de jerga afilada,

y el sueño de un flagelo es tu liberación.


¡Calma la tormenta! alma bendita que elevas los brazos,

sin abrazos,

y doblega la razón, aúpa la mano con una plegaria al Dios muerto,

y entrega tu dolor al Dios, que susurra cuando lloras,

arpa, cascabel y truenos,

un presbiterio que invita a la resignación,

al sonido de la nada, a volver al silencio,

cuando la calma cese el llanto, de años acumulados,

cuando los abrazos transfiguren a tumbas y las flores embriaguen tu entorno de muerte,

y labios exangües de amantes catalicen el amor por odio,

serás libre conmigo y la serpiente morderá tu corazón,

¡amada mía! ¡somos uno!

ora el dolor: éxtasis.


Pluma de ángel que te meces en las ondas esmeraldas del Leteo,

y que forman diademas de flores y tus manos, como barrotes, el corazón.

Un camino de luz, gruta opalescente, que purifica el dolor; un viaje sin retorno,

al incognoscible.


~Jorge Betancourt, 6 de enero del 2023.



¡Caramba!, hacía tiempo que no leía un poema en filosóficos con estos toques surrealistas. Desbordado de imágenes. Felicidades por la entrega.

Saludos,

Palmira
 
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