José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
TÚ… ALFONSINA (25 de octubre).
Quisiera esta noche de octubre… no tan divina,
encontrarme contigo, con “La inquietud del rosal”,
no con una estatua muda de piedra, ni con tu triste soledad,
pero sí, con tu “Alma desnuda” y distraída,
para en un “Viaje” juntos, dejarme llevar.
Quisiera encontrar “La acaricia perdida”
intangible a tus dedos,
de estos años ausentes sobre las olas del mar
y ver planear la calma de tu “Paz” en el árbol de tu sueño
y en el azul de tus ojos cielo, poderme mirar.
Y “Un día”, cuando llegue recién el otoño,
por octubre, con “Un lápiz”,
de poco más de diez centavos,
bajo la tenue luz de la constelación lunar,
escribirte un poema de amor “Frente al mar”.
Yo no te juzgo.
Yo solo te he de amar, poetisa del mar.
Tomaste una dura decisión, dolorosa y eterna.
Que solo tú y a ti, te corresponde juzgar.
Yo te admiro por lo que fuiste, oasis en un desierto
lleno de tormentas de arena seca que te quiso sepultar.
Y si eres o no pura, blanca y nívea,
solo a ti te ha de importar.
Tu “Queja” es mi dolor.
Tu “Dolor” mi referencia.
Tu ¡Adiós! … fue tu libertad.
Y no te preocupes, que no repetiré al oído
esas “Dos palabras” cansadas y viejas
que solo te hicieron soñar y… desdeñar.
Un beso Alfonsina. Tú, que siempre serás…
Quisiera esta noche de octubre… no tan divina,
encontrarme contigo, con “La inquietud del rosal”,
no con una estatua muda de piedra, ni con tu triste soledad,
pero sí, con tu “Alma desnuda” y distraída,
para en un “Viaje” juntos, dejarme llevar.
Quisiera encontrar “La acaricia perdida”
intangible a tus dedos,
de estos años ausentes sobre las olas del mar
y ver planear la calma de tu “Paz” en el árbol de tu sueño
y en el azul de tus ojos cielo, poderme mirar.
Y “Un día”, cuando llegue recién el otoño,
por octubre, con “Un lápiz”,
de poco más de diez centavos,
bajo la tenue luz de la constelación lunar,
escribirte un poema de amor “Frente al mar”.
Yo no te juzgo.
Yo solo te he de amar, poetisa del mar.
Tomaste una dura decisión, dolorosa y eterna.
Que solo tú y a ti, te corresponde juzgar.
Yo te admiro por lo que fuiste, oasis en un desierto
lleno de tormentas de arena seca que te quiso sepultar.
Y si eres o no pura, blanca y nívea,
solo a ti te ha de importar.
Tu “Queja” es mi dolor.
Tu “Dolor” mi referencia.
Tu ¡Adiós! … fue tu libertad.
Y no te preocupes, que no repetiré al oído
esas “Dos palabras” cansadas y viejas
que solo te hicieron soñar y… desdeñar.
Un beso Alfonsina. Tú, que siempre serás…
José I.