esteban7094
Poeta recién llegado
A CÉSAR VALLEJO
Se ondean las velas bermejas con pasión,
Y se asemejan al bullir de la sangre ante la hora final
¡Oh Trilce! Barco de los mil mundos.
Barco de hombres endiosados, de héroes y corsarios, barco de fantasmas coronados.
Y visitas los viejos puertos de la gris y desolada Armerías,
Y también los lejanos puertos nublados de Williams,
En donde, dicen, las olas son de fuego efervescente.
¡Por qué no me llevas a través de los piélagos del sueño!
¡Por qué no me llevas a través del amor!
Llévame a los confines de los mundos ignotos,
En donde las tormentas se alzan en su propia perpetuidad.
Llévame a las insondables aguas lívidas de la inconsciencia,
Más allá del llanto negro de Dios.
Permite que sienta en mis sienes el tórrido anhelo de los querubines fugitivos
¡Oh Trilce! Barco de la profunda ensoñación.
Barco de hombres santos, de mártires y lacerados, barco de sombras endemoniadas.
Y te han columbrado en el bravo mar de Cantabria,
Rumbo a Santander o, quizá, a La Rochelle.
Y dicen que te desvaneces al llegar a las álgidas y tempestuosas costas de Noruega, en vuelto en una niebla azul,
Y que te hundes en los abismos de la razón.
¡Pero llévame, oh Trilce!
¡Llévame con premura a la negrura del corazón!
¡Permite que mis ojos adviertan el Numen umbrío de Horacio!
¡Permite que mi alma se funda en tu cruento velaje!
Y en el himno mágico y poderoso del brioso mar,
Me convierta en tu temible mascarón o, con brisa suave y fortuna, en tu señero timón.
L. E. TORRES