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Trianos

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa


Esperando el autobús escolar como cada día, con un anorak azul y rojo, juega un niño solitario en el cruce del camino. Allí mismo se encuentra una caseta de madera, bajita, se diría que parece de juguete; un plástico amarillo, tocado con una letras que indican su procedencia, impermeabiliza el techo.


Al borde mismo de la carretera, un indicador con las letras algo corridas por la acción del agua y del tiempo dice o, tal vez, reza:


SANTA MARÍA LA REAL DE TRIANOS


Unos cientos de metros más allá, escondida tras las tapias, protegida por un par de grandes casas, de entre las ruinas de la nave, se levanta, garbosa, desnuda de campanas, la espadaña.


Cuando la pobreza se vuelve mísera, las torres de las iglesias devienen en espadañas.


La curiosidad me lleva a intentar ver, tras el muro, los restos de la iglesia. Todavía se aprecian las naves y se yerguen las columnas que rematan en capiteles. Columnas que no sostienen nada. Recogimiento, casa de oración abierta al cielo, puesta al descubierto, donde se pasea Dios cada mañana.


Las inevitables ortigas crecen entre las grietas del suelo. Comparten un jardín las casas que arropan a Santa María. En ese jardín llama la atención un sarcófago antropomorfo hecho de piedra, que han convertido en jardinera. Nunca como aquí la tierra a la tierra y el polvo al polvo. El sarcófago que a la muerte abrazara, espera hoy abrirse en flores por primavera.


Me alejo por el camino, volviéndome a mirar cuando estoy ya en la carretera. Sigue allí, recortándose contra el paisaje, como una simbiosis de lo que fue y lo que será, entre la muerte y la esperanza. Apena que no aniden las cigüeñas en lo alto de su espadaña.





 
Me alejo por el camino, volviéndome a mirar cuando estoy ya en la carretera. Sigue allí, recortándose contra el paisaje, como una simbiosis de lo que fue y lo que será, entre la muerte y la esperanza


Tu capacidad descriptiva es asombrosa, es para agradecerte por esas fotografías que toman tus letras para nosotros, y no son solo retratos, cuadros de espacios, de geografías, sino que va tu alma poética en ellas.
No sé si llego a transmitirte cuanto valoro tus obras, Luis...
Espero poder comunicar este placer hermoso de leerte.
Un abrazo de regreso.
 

Esperando el autobús escolar como cada día, con un anorak azul y rojo, juega un niño solitario en el cruce del camino. Allí mismo se encuentra una caseta de madera, bajita, se diría que parece de juguete; un plástico amarillo, tocado con una letras que indican su procedencia, impermeabiliza el techo.


Al borde mismo de la carretera, un indicador con las letras algo corridas por la acción del agua y del tiempo dice o, tal vez, reza:


SANTA MARÍA LA REAL DE TRIANOS


Unos cientos de metros más allá, escondida tras las tapias, protegida por un par de grandes casas, de entre las ruinas de la nave, se levanta, garbosa, desnuda de campanas, la espadaña.


Cuando la pobreza se vuelve mísera, las torres de las iglesias devienen en espadañas.


La curiosidad me lleva a intentar ver, tras el muro, los restos de la iglesia. Todavía se aprecian las naves y se yerguen las columnas que rematan en capiteles. Columnas que no sostienen nada. Recogimiento, casa de oración abierta al cielo, puesta al descubierto, donde se pasea Dios cada mañana.


Las inevitables ortigas crecen entre las grietas del suelo. Comparten un jardín las casas que arropan a Santa María. En ese jardín llama la atención un sarcófago antropomorfo hecho de piedra, que han convertido en jardinera. Nunca como aquí la tierra a la tierra y el polvo al polvo. El sarcófago que a la muerte abrazara, espera hoy abrirse en flores por primavera.


Me alejo por el camino, volviéndome a mirar cuando estoy ya en la carretera. Sigue allí, recortándose contra el paisaje, como una simbiosis de lo que fue y lo que será, entre la muerte y la esperanza. Apena que no aniden las cigüeñas en lo alto de su espadaña.

"Le promeneur solitaire" capaz de conmoverse mirando el paisaje que le rodea y que sabe transmitir su emoción escribiendo, eres tú amigo Luis, una vez más te he seguido, mejor te acompañé, en tu paseo con placer y serenidad,. Enhorabuena poeta amistad poética Amarilys
 
"Le promeneur solitaire" capaz de conmoverse mirando el paisaje que le rodea y que sabe transmitir su emoción escribiendo, eres tú amigo Luis, una vez más te he seguido, mejor te acompañé, en tu paseo con placer y serenidad,. Enhorabuena poeta amistad poética Amarilys
El paseante solitario. Así me veo en ocasiones, ocasiones que aprovecho para empaparme de los paisajes, de la naturaleza, de las gentes y poder luego ponerlo en un papel. Gracias por tu lectura Amarilys, siempre es bienvenida tu presencia. Un beso y mi amistad.
 
Tu capacidad descriptiva es asombrosa, es para agradecerte por esas fotografías que toman tus letras para nosotros, y no son solo retratos, cuadros de espacios, de geografías, sino que va tu alma poética en ellas.
No sé si llego a transmitirte cuanto valoro tus obras, Luis...
Espero poder comunicar este placer hermoso de leerte.
Un abrazo de regreso.
Tu presencia en mis relatos es suficiente para darme por satisfecho. Agradezco en lo que vale esa fidelidad lectora, así como tus palabras de aliento para mi modo de escribir. Me encanta la prosa, aunque sea una esfera de la escritura que el Portal se encuentre un poco al margen. Muchas gracias por tu amistad, por estar ahí y por tener siempre una palabra amable. Besos. Te deseo un feliz fin de semana.
 

Esperando el autobús escolar como cada día, con un anorak azul y rojo, juega un niño solitario en el cruce del camino. Allí mismo se encuentra una caseta de madera, bajita, se diría que parece de juguete; un plástico amarillo, tocado con una letras que indican su procedencia, impermeabiliza el techo.


Al borde mismo de la carretera, un indicador con las letras algo corridas por la acción del agua y del tiempo dice o, tal vez, reza:


SANTA MARÍA LA REAL DE TRIANOS


Unos cientos de metros más allá, escondida tras las tapias, protegida por un par de grandes casas, de entre las ruinas de la nave, se levanta, garbosa, desnuda de campanas, la espadaña.


Cuando la pobreza se vuelve mísera, las torres de las iglesias devienen en espadañas.


La curiosidad me lleva a intentar ver, tras el muro, los restos de la iglesia. Todavía se aprecian las naves y se yerguen las columnas que rematan en capiteles. Columnas que no sostienen nada. Recogimiento, casa de oración abierta al cielo, puesta al descubierto, donde se pasea Dios cada mañana.


Las inevitables ortigas crecen entre las grietas del suelo. Comparten un jardín las casas que arropan a Santa María. En ese jardín llama la atención un sarcófago antropomorfo hecho de piedra, que han convertido en jardinera. Nunca como aquí la tierra a la tierra y el polvo al polvo. El sarcófago que a la muerte abrazara, espera hoy abrirse en flores por primavera.


Me alejo por el camino, volviéndome a mirar cuando estoy ya en la carretera. Sigue allí, recortándose contra el paisaje, como una simbiosis de lo que fue y lo que será, entre la muerte y la esperanza. Apena que no aniden las cigüeñas en lo alto de su espadaña.



Me uno al club de seguidoras que saben captar la esencia de esas descripciones. Imágenes tan claras como los riachuelos que uno imagina en esos parajes. Es un verdadero placer dejarse envolver por tus descripciones Luis.

Un abrazo,

Palmira
 
Me uno al club de seguidoras que saben captar la esencia de esas descripciones. Imágenes tan claras como los riachuelos que uno imagina en esos parajes. Es un verdadero placer dejarse envolver por tus descripciones Luis.

Un abrazo,

Palmira
Gracias por tu comentario. Ya sabes que la prosa es un poco el patito feo del Portal, pero algunos nos mantenemos inasequibles al desaliento. Me ha gustado tenerte en mis paisajes. Agradezco y mucho, la visita. Besos.
 
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