sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tren de sueños,
vías de clamor,
sujetas al calor,
de las piedras entre el carbón.
vías de clamor,
sujetas al calor,
de las piedras entre el carbón.
Unido estaba el ferrocarril,
con sus vagones de arcilla
y su mirada protectora ante el fuego de cristal.
con sus vagones de arcilla
y su mirada protectora ante el fuego de cristal.
Enlazado al deseo,
con sus asientos de marfil,
yo respondo a este poema,
con sus labios de expresión,
que llegando la noche buena,
un regalo me llegó.
con sus asientos de marfil,
yo respondo a este poema,
con sus labios de expresión,
que llegando la noche buena,
un regalo me llegó.
Tren de pensamientos,
orgullosos de su tiempo,
formado entre los versos,
que caen entre sus brazos,
para hacerlo somnoliento.
orgullosos de su tiempo,
formado entre los versos,
que caen entre sus brazos,
para hacerlo somnoliento.
Capitulo de su día a día,
se hace el templo de su risa,
cuando duerme entre los sueños
y llegando la mañana,
no quema la sonrisa,
que se da al pasajero,
dejando que el ritmo,
valla haciendo el resto.
se hace el templo de su risa,
cuando duerme entre los sueños
y llegando la mañana,
no quema la sonrisa,
que se da al pasajero,
dejando que el ritmo,
valla haciendo el resto.
Pues los túneles,
agujeros entre vientos,
que ciegan los ojos
y los dejan solos,
hasta llegar la luz del tren,
que los convierte en oro.
agujeros entre vientos,
que ciegan los ojos
y los dejan solos,
hasta llegar la luz del tren,
que los convierte en oro.
Su clara luminiscencia,
derramada en un gran caudal de poesía emborrachada
y de burbujas animadas,
de la fiesta tan salvada,
como una rima bronceada.
derramada en un gran caudal de poesía emborrachada
y de burbujas animadas,
de la fiesta tan salvada,
como una rima bronceada.
Pues en el mundo de los pobres,
y en el mundo de los ricos,
no hay mejor regalo,
que el soñar lo que más quieres,
sin tener que pagar,
ni la más mínima parte de tu alma.
y en el mundo de los ricos,
no hay mejor regalo,
que el soñar lo que más quieres,
sin tener que pagar,
ni la más mínima parte de tu alma.
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