Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
TRAVESÍA HACIA LA LUZ
(...)
7.
Maceración del ocaso.
Frente al mar
escribir palabras presurosas;
la desolación aparca su resuello
de bestia varada
que sabe de martirios.
Dirimir en hojas las flechas
que guarda el viejo carcaj de un recuerdo.
8.
Las aguas del parque lentas se agitan.
Aquí vienen a lavarse de su moho esas costras
que vigilan los corredores después del alba.
Antes de que alguien pronuncie su primera palabra
explota una queja, una desdicha.
Mas allá de la fiesta que gime en el crepúsculo
arremete su filo el océano,
mas he aquí desde un cenizo vientre surge
el hedor a salitre que humecta
los densos jardines
los famélicos cuerpos.
9.
Gravedad de signos.
En otro dintel se extiende una puerta,
tras ella
el callejón de los dormidos espejos.
Detrás de la mirada emerge
una flora impávida declarando
la notoria ebriedad de un desconsuelo.
10.
Alardea flemones de lluvia un sol claro.
Un esplendor de lava crece
más allá de las puertas
de sus ámbitos salta
un plomizo aguacero marino.
Arrastra falsos cardúmenes celestes
esa fragilidad para degustar el tiempo.
Deja caer su feroz vigilia occipital.
Una columna apenas sostiene
el colapso del mundo primigenio.
Horrores bellos
estructuras disconformes
de una realidad inobjetable
aunque inútil para el ciego.
(...)
7.
Maceración del ocaso.
Frente al mar
escribir palabras presurosas;
la desolación aparca su resuello
de bestia varada
que sabe de martirios.
Dirimir en hojas las flechas
que guarda el viejo carcaj de un recuerdo.
8.
Las aguas del parque lentas se agitan.
Aquí vienen a lavarse de su moho esas costras
que vigilan los corredores después del alba.
Antes de que alguien pronuncie su primera palabra
explota una queja, una desdicha.
Mas allá de la fiesta que gime en el crepúsculo
arremete su filo el océano,
mas he aquí desde un cenizo vientre surge
el hedor a salitre que humecta
los densos jardines
los famélicos cuerpos.
9.
Gravedad de signos.
En otro dintel se extiende una puerta,
tras ella
el callejón de los dormidos espejos.
Detrás de la mirada emerge
una flora impávida declarando
la notoria ebriedad de un desconsuelo.
10.
Alardea flemones de lluvia un sol claro.
Un esplendor de lava crece
más allá de las puertas
de sus ámbitos salta
un plomizo aguacero marino.
Arrastra falsos cardúmenes celestes
esa fragilidad para degustar el tiempo.
Deja caer su feroz vigilia occipital.
Una columna apenas sostiene
el colapso del mundo primigenio.
Horrores bellos
estructuras disconformes
de una realidad inobjetable
aunque inútil para el ciego.
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