José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los vírgenes senderos sueñan con la pasión.
Sonámbulos exploran la selva
con los rostros indescifrables
de quienes pueden acurrucarse en las sombras.
Tienden sus cuerpos en la tierra y la penetran
quienes esperan su brote esperanzados.
Sueñan posibilitar la metamorfosis
remover material orgánico e inorgánico,
hornear la vida en la humedad del vientre,
regenerar la tierra y la sangre.
El nauseabundo vaho detuvo tu paso.
El fuego está latiendo enterrado
y revuelve el vientre negro,
amasa la materia oscura sumergida.
Incluso las sombras que representan el silencio,
y las puertas a otras dimensiones
en el seno de la selva.
Las voces multiplican la belleza y el dolor:
el niño reza por su padre… y por su madre,
las caminatas por la casa, la pelota y las risas
en el parque, las carreras,
el zinc derrumbándose de pena.
Extrañan el mítico silencio de la selva.
Belleza y dolor reproducidos en los rostros.
Una galería infinita de fotos
consumidas en fosas comunes.
No hay testigos de debilidad en tiempos de guerra,
ni niños en campos de batalla.
La belleza brota con el doloroso tallo
de los cuerpos ausentes.
Nutrido del dolor
el silencio absoluto roba el mundo.
El silencio late con tanta suavidad,
refresca suave el pensamiento en el laberinto
y detiene las bestias agitadas
como si detuviese el tiempo.
©JoséLuisGalarza