ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Es la una y diez de la madrugada, aquí sigo,
delante del blanco papel
obteniendo de mi cerebro atorado
palabras que mañana no recordaré.
Esa labor se la dejo al disco duro
de mi ordenador,
que se ha transformado en intérprete
de las historias que pretendo escribir.
Una noche fría, húmeda,
muy húmeda, sigue lloviendo,
no ha parado de hacerlo
desde hace cuatro días,
y Emilia, la chica del tiempo
del canal autonómico
anuncia que serán cuatro más.
Mientras me arrebujo en la manta
de lana y soplo mis dedos
a punto de entumecerse.
Ahora sería clemente disfrutar
de una taza de chocolate caliente,
pero quién se atreve
a estas horas a hacer ruido
en mi ínfima cocina.
Yo no, que mi amor
puede despertarse,
y arrancar de cuajo
el enchufe de este
aparatejo
con el que le he sido infiel
los ulteriores días,
no es cuestión de tentar al destino.
¿Y por qué me empeño
en seguir pasando frío?
Una lectura fascinante,
a punto estoy de clausurar,
toda pasión apagada se llama,
sugestivo título,
mi ya acostumbrada curiosidad
no pudo resistirse ante él,
cuando buscaba algo interesante para leer.
No conocía a su autora,
una inglesa hablando de otra inglesa
del siglo diecinueve.
Una dama británica,
virreina en la India,
que en los últimos días
de su existencia decide rescatar
sus sueños y descubrir la pasión
que encubrió tras un matrimonio
victoriano.
Todavía me quedan fuerzas
para extraer de sus palabras
la esencia
de una existencia encorsetada
por la educación y, al final liberada
por la edad cercana a la muerte.
Sólo ella es capaz de
poner las cosas en su lugar.
Y ahora que los ojos
se me cierran, dejo aquí
para vuestra curiosidad,
el desenlace de tan reveladora narración
para esta aprendiz de escritora.
Buenas noches, para la que suscribe,
buenos días, para quien estos atorados versos lea.
delante del blanco papel
obteniendo de mi cerebro atorado
palabras que mañana no recordaré.
Esa labor se la dejo al disco duro
de mi ordenador,
que se ha transformado en intérprete
de las historias que pretendo escribir.
Una noche fría, húmeda,
muy húmeda, sigue lloviendo,
no ha parado de hacerlo
desde hace cuatro días,
y Emilia, la chica del tiempo
del canal autonómico
anuncia que serán cuatro más.
Mientras me arrebujo en la manta
de lana y soplo mis dedos
a punto de entumecerse.
Ahora sería clemente disfrutar
de una taza de chocolate caliente,
pero quién se atreve
a estas horas a hacer ruido
en mi ínfima cocina.
Yo no, que mi amor
puede despertarse,
y arrancar de cuajo
el enchufe de este
aparatejo
con el que le he sido infiel
los ulteriores días,
no es cuestión de tentar al destino.
¿Y por qué me empeño
en seguir pasando frío?
Una lectura fascinante,
a punto estoy de clausurar,
toda pasión apagada se llama,
sugestivo título,
mi ya acostumbrada curiosidad
no pudo resistirse ante él,
cuando buscaba algo interesante para leer.
No conocía a su autora,
una inglesa hablando de otra inglesa
del siglo diecinueve.
Una dama británica,
virreina en la India,
que en los últimos días
de su existencia decide rescatar
sus sueños y descubrir la pasión
que encubrió tras un matrimonio
victoriano.
Todavía me quedan fuerzas
para extraer de sus palabras
la esencia
de una existencia encorsetada
por la educación y, al final liberada
por la edad cercana a la muerte.
Sólo ella es capaz de
poner las cosas en su lugar.
Y ahora que los ojos
se me cierran, dejo aquí
para vuestra curiosidad,
el desenlace de tan reveladora narración
para esta aprendiz de escritora.
Buenas noches, para la que suscribe,
buenos días, para quien estos atorados versos lea.