Tiemblo
como un niño,
como un dios en su eterna soledad.
Miro,
observo el resplandor de las calles,
la luna...;
me pienso,
me esparzo en mil esporas de amor,
me inclino ante vos, mi señora.
Atiendo
a la banalidad de mi existencia,
comprendo
que no quedan amores ni princesas...
Me caigo
de mi egocentrismo,
me centro
en el antagonismo
del propio espejo que cuelga,
como un ahorcado,
en la desgastada pared de mi emocion.
como un niño,
como un dios en su eterna soledad.
Miro,
observo el resplandor de las calles,
la luna...;
me pienso,
me esparzo en mil esporas de amor,
me inclino ante vos, mi señora.
Atiendo
a la banalidad de mi existencia,
comprendo
que no quedan amores ni princesas...
Me caigo
de mi egocentrismo,
me centro
en el antagonismo
del propio espejo que cuelga,
como un ahorcado,
en la desgastada pared de mi emocion.