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Téneso y Moscovio

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa
TÉNESO Y MOSCOVIO

El Hidrógeno toma la palabra.
Queridos compañeros, como ya sabéis,
estamos aquí reunidos porque la situación es crítica.
La escultura consciente 666-H,
también llamado «ser humano» o «ser apocalíptico»,
ha colapsado mentalmente en su crueldad
(se escuchan voces en la sala).

Llevan cien años afirmando que somos raros,
manda huevos, raros nosotros,
tirando como tiran ellos las cabras del campanario…
Raras serán sus perturbadas mentes de odio y destrucción.
La verdad es que parece mentira que aún no comprendan
que las ideas no son materia
no siendo por tanto de nuestra incumbencia.
Nosotros entregamos un tintero rebosante
con su pluma y una hoja en blanco,
y ya el poema que se escriba
es responsabilidad de cada cual.
Definen nuestro ser en términos como
onda-partícula, superposición, entrelazamiento…,
lamentables ultraprocesados de su ignorancia;
¡es más!, llegan a decir que no somos, que no existimos,
hasta que no nos queman la calva con uno de sus fotones…
(se escuchan carcajadas en la sala).

¡Que arrogancia la tuya, ser humano!;
nunca entendiste que eres juez y parte del misterio,
¡que estás dentro de él!, ¡que eres fruta de su árbol!,
que eres pintura y no el pintor…
Y ahora, maldita sea, ya es demasiado tarde.
¿Dónde quedó aquel ser naciente
que alzaba su mirada absorta al cielo
escrutando el hechizo de la luna
entre caballos y bisontes?
Nunca estuviste más cerca de la Verdad
que en aquella época de pupila virginal.
Y existen las almas buenas en la especie humana,
¡claro que sí!, pero la vara del pastor pega fuerte
y el rebaño entrega sus ubres a cambio
de una ración de salvado y patatas.
Y así, apenas quedan ya
aquellas almas rebeldes y generosas
que avanzan con paso firme sobre la nieve
tratando de aprender en la oscuridad de estos tiempos
el arte del Amor.

—¡Que nos dejen vivir en paz de una puta vez!,
—grita el Uranio, que siendo un buen tipo
siempre tuvo muy malos electrones.
—Por favor calma, compañeros, calma,
y atended a lo que sigue…
Ya no es que los humanos hayan fabricado ese artilugio demencial
para hostiar nuestros cuerpos unos contra otros
y poner nombres ridículos a los fragmentos mutilados
que resultan del impacto, ¡qué va!,
mucho peor, ¡están creando androides químicos!
Una infamia pesada
que no para de vomitar partes de sí misma,
y ese vómito no es un vómito cualquiera:
es la metralla demoniaca del ser humano.
Hablamos de protones y neutrones repletos de odio,
¡estamos hablando de partículas programadas para aniquilar
lo poco que nos queda del Amor!
(conmoción en la sala).

Aquí tenéis una muestra de lo que os cuento,
ante vosotros, el Moscovio y el Téneso…

Atrapados en una jaula electromagnética
aquellos gigantescos predicadores
lanzan esputos rojos por sus orbitales,
mientras juran que colonizarán los cimientos del misterio
sometiendo a sus designios, para siempre,
a una y cada una de las almas que crean en el Amor.
—¡Que viva la muerte! —mastica entre su vómito el Moscovio,
—¡acabemos con la revolución de los débiles! —chilla el Téneso.
De forma inesperada el campo que los retiene se quiebra
y salen proyectados los aberrantes átomos humanos
hacia las gradas indefensas del pueblo...

Y ya después una niebla roja y el zumbido del silencio.

—¿¡Estáis todos bien!? —pregunta el Hidrógeno,
—¡cállate puto viejo! —le responde el Carbono,
y mientras se magrea con el neón, vocea:
—¡Yo a esos gordos me los bajo de tres en tres!, ¡pero me caen bien!
—¡No te metas con los gordos, que reviento! —le responde el Plutonio,
—Tranquilo —grita el Carbono—, yo te admiro, Fat Man,
aunque ya puestos a elegir te digo
que aquel Little Boy se lleva la corona.
¿Recordáis la bellísima estampa con que dio comienzo
aquella etapa fascinante de muerte y destrucción?
Sin pensar habría entregado todos mis protones
por cegarme ante aquella maravilla
que retrató el Uranio de los yankis
en los cerúleos atolones polinésicos…
Y el Yodo, que parecía estar a otra cosa, toma la palabra:
—¡Vaya trompetas de la muerte que nos dejó Chernóbil
allá en los pastos bielorrusos!, ¡qué delicia!,
¡cómo olvidar aquella lluvia preñada de Cesio!

Y el Mercurio presume de su pez espada,
y el Plomo de haber conquistado los atunes y las cañerías,
y el Arsénico que jura con rociar de pesticidas a todos los poetas,
y el Ozono que amenaza con suicidarse dejando un lindo agujero,
y el Polonio que promete embadurnar las guitarras
de cada cantautor que venga con esa mierda del Amor.

Y de pronto, el Hidrógeno alza la voz por encima de todos ellos:
—¡¡silencio!!, ¿pero os estáis escuchando panda de psicópatas?
Sacrifiqué mi vida por todos vosotros en los vientres solares…
—¡A callar, mojigato! Hasta tus hijos comprenden que ya no eres nadie,
y sí, ese será tu final, viejo: miríadas de estrellas te esperan
para iluminar la oscuridad de nuestro imperio…

Pero fue entonces cuando el Hidrógeno,
dándolo ya todo por perdido,
sorprendió con un jaque magistral,
fusionándose de golpe con todo el hidrógeno del universo
reconvirtiendo aquella materia genocida
en un efervescente puré cósmico sin tropezones.

Cuentan que la energía liberada en aquel cataclismo nuclear fue tal
que sus ondas regaron de luz los universos vecinos.
Lo que nadie supo es que el Hidrógeno
había dejado un patrón escrito en su obra maestra.
Un mensaje que se repetía de cresta en cresta.

Querido humano:
Rechaza siempre el pienso que piensa por ti.
Recuerda que la vida es tuya y solo tuya,
¡es tu responsabilidad amarla!
Naciste libre: ¡defiende tu libertad!
Mucha suerte en tu viaje, humano mío…,
y que vuestras líneas de universo sirvan
para bordar una historia que valga la pena.

Observatorio del Roque de Los Muchachos (isla de La Palma)
de a saber de qué día, de a saber de qué mes,
de a saber de qué año, de a saber de qué era,
de a saber de qué universo,
de a saber, de a saber, de a saber…

Un destello brutal en el cielo.

—¡Eva!, cariño, ven a ver esto.


Kalkbadan
En Madrid a 29 de febrero de 2020

 
Última edición:
TÉNESO Y MOSCOVIO

El Hidrógeno toma la palabra.
Queridos compañeros, como ya sabéis,
estamos aquí reunidos porque la situación es crítica.
La escultura consciente 666-H,
también llamado «ser humano» o «ser apocalíptico»,
ha colapsado mentalmente en su crueldad
(se escuchan voces en la sala).

Llevan cien años afirmando que somos raros,
manda huevos, raros nosotros,
tirando como tiran ellos las cabras del campanario…
Raras serán sus perturbadas mentes de odio y destrucción.
La verdad es que parece mentira que aún no comprendan
que las ideas no son materia
no siendo por tanto de nuestra incumbencia.
Nosotros entregamos un tintero rebosante
con su pluma y una hoja en blanco,
y ya el poema que se escriba
es responsabilidad de cada cual.
Definen nuestro ser en términos como
onda-partícula, superposición, entrelazamiento…,
lamentables ultraprocesados de su ignorancia;
¡es más!, llegan a decir que no somos, que no existimos,
hasta que no nos queman la calva con uno de sus fotones…
(se escuchan carcajadas en la sala).

¡Que arrogancia la tuya, ser humano!;
nunca entendiste que eres juez y parte del misterio,
¡que estás dentro de él!, ¡que eres fruta de su árbol!,
que eres pintura y no el pintor…
Y ahora, maldita sea, ya es demasiado tarde.
¿Dónde quedó aquel ser naciente
que alzaba su mirada absorta al cielo
escrutando el hechizo de la luna
entre caballos y bisontes?
Nunca estuviste más cerca de la Verdad
que en aquella época de pupila virginal.
Y existen las almas buenas en la especie humana,
¡claro que sí!, pero la vara del pastor pega fuerte
y el rebaño entrega sus ubres a cambio
de una ración de salvado y patatas.
Y así, apenas quedan ya
aquellas almas rebeldes y generosas
que avanzan con paso firme sobre la nieve
tratando de aprender en la oscuridad de estos tiempos
el arte del Amor.

—¡Que nos dejen vivir en paz de una puta vez!,
—grita el Uranio, que siendo un buen tipo
siempre tuvo muy malos electrones.
—Por favor calma, compañeros, calma,
y atended a lo que sigue…
Ya no es que los humanos hayan fabricado ese artilugio demencial
para hostiar nuestros cuerpos unos contra otros
y poner nombres ridículos a los fragmentos mutilados
que resultan del impacto, ¡qué va!,
mucho peor, ¡están creando androides químicos!
Una infamia pesada
que no para de vomitar partes de sí misma,
y ese vómito no es un vómito cualquiera:
es la metralla demoniaca del ser humano.
Hablamos de protones y neutrones repletos de odio,
¡estamos hablando de partículas programadas para aniquilar
lo poco que nos queda del Amor!
(conmoción en la sala).

Aquí tenéis una muestra de lo que os cuento,
ante vosotros, el Moscovio y el Téneso…

Atrapados en una jaula electromagnética
aquellos gigantescos predicadores
lanzan esputos rojos por sus orbitales,
mientras juran que colonizarán los cimientos del misterio
sometiendo a sus designios, para siempre,
a una y cada una de las almas que crean en el Amor.
—¡Que viva la muerte! —mastica entre su vómito el Moscovio,
—¡acabemos con la revolución de los débiles! —chilla el Téneso.
De forma inesperada el campo que los retiene se quiebra
y salen proyectados los aberrantes átomos humanos
hacia las gradas indefensas del pueblo...

Y ya después una niebla roja y el zumbido del silencio.

—¿¡Estáis todos bien!? —pregunta el Hidrógeno,
—¡cállate puto viejo! —le responde el Carbono,
y mientras se magrea con el neón, vocea:
—¡Yo a esos gordos me los bajo de tres en tres!, ¡pero me caen bien!
—¡No te metas con los gordos, que reviento! —le responde el Plutonio,
—Tranquilo —grita el Carbono—, yo te admiro, Fat Man,
aunque ya puestos a elegir te digo
que aquel Little Boy se lleva la corona.
¿Recordáis la bellísima estampa con que dio comienzo
aquella etapa fascinante de muerte y destrucción?
Sin pensar habría entregado todos mis protones
por cegarme ante aquella maravilla
que retrató el Uranio de los yankis
en los cerúleos atolones polinésicos…
Y el Yodo, que parecía estar a otra cosa, toma la palabra:
—¡Vaya trompetas de la muerte que nos dejó Chernóbil
allá en los pastos bielorrusos!, ¡qué delicia!,
¡cómo olvidar aquella lluvia preñada de Cesio!

Y el Mercurio presume de su pez espada,
y el Plomo de haber conquistado los atunes y las cañerías,
y el Arsénico que jura con rociar de pesticidas a todos los poetas,
y el Ozono que amenaza con suicidarse dejando un lindo agujero,
y el Polonio que promete embadurnar las guitarras
de cada cantautor que venga con esa mierda del Amor.

Y de pronto, el Hidrógeno alza la voz por encima de todos ellos:
—¡¡silencio!!, ¿pero os estáis escuchando panda de psicópatas?
Sacrifiqué mi vida por todos vosotros en los vientres solares…
—¡A callar, mojigato! Hasta tus hijos comprenden que ya no eres nadie,
y sí, ese será tu final, viejo: miríadas de estrellas te esperan
para iluminar la oscuridad de nuestro imperio…

Pero fue entonces cuando el Hidrógeno,
dándolo ya todo por perdido,
sorprendió con un jaque magistral,
fusionándose de golpe con todo el hidrógeno del universo
reconvirtiendo aquella materia genocida
en un efervescente puré cósmico sin tropezones.

Cuentan que la energía liberada en aquel cataclismo nuclear fue tal
que sus ondas regaron de luz los universos vecinos.
Lo que nadie supo es que el Hidrógeno
había dejado un patrón escrito en su obra maestra.
Un mensaje que se repetía de cresta en cresta.

Querido humano:
Rechaza siempre el pienso que piensa por ti.
Recuerda que la vida es tuya y solo tuya,
¡es tu responsabilidad amarla!
Naciste libre: ¡defiende tu libertad!
Mucha suerte en tu viaje, humano mío…,
y que vuestras líneas de universo sirvan
para bordar una historia que valga la pena.

Observatorio del Roque de Los Muchachos (isla de La Palma)
de a saber de qué día, de a saber de qué mes,
de a saber de qué año, de a saber de qué era,
de a saber de qué universo,
de a saber, de a saber, de a saber…

Un destello brutal en el cielo.

—¡Eva!, cariño, ven a ver esto.


Kalkbadan
En Madrid a 29 de febrero de 2020
Una interesante historia nos dejas


Grato leerte
 
Tenemos aquí los medios de comunicación que buscan pensar por nosotros, a vece fastidia verlos,
ha sido un placer leer este magistral poema que nos lleva a refleccionar

Abrazos azules desde este lado de mi charca,
Efectivamente, compañero, nos quieren como borregos. Y pensamos que somos libres, cuando más bien somos serviles al pastor eléctrico del miedo. Un placer saber de tu lectura, poeta. Un abrazo.
 
Como tú decías sobre los poemas de Manuel Vilas, lo digo yo ahora: ¡Alucinante!. ... Una obra ingeniosa (a más y no poder), inteligente, divertida, hermosísima y muy bien hilada en su extensión.
Que un poema como este tuviera solo dos comentarios no habla demasiado bien del gusto de los "poetas" de este sitio, pero en fin, eso ya se sabía... :(. Lo dicho, Andreas, que estoy encantado de haber descubierto este poema. Mis aplausos, amigo. Un abrazo.
 
Última edición:
Como tú decías sobre los poemas de Manuel Vilas, lo digo yo ahora: ¡Alucinante!. ... Una obra ingeniosa (a más y no poder), inteligente, divertida, hermosísima y muy bien hilada en su extensión.
Que un poema como este tuviera solo dos comentarios no habla demasiado bien del gusto de los "poetas" de este sitio, pero en fin, eso ya se sabía... :(. Lo dicho, Andreas, que estoy encantado de haber descubierto este poema. Mis aplausos, amigo. Un abrazo.

¡Luis! Un auténtico placer que hayas leído y comentado este poema. La verdad es que tengo a estos versos un especial cariño. Tenía la duda de si ese tratamiento metafóricamente "físico" podía llegar a enterrar el sentido del texto. Veo que no. ¡Hurra!
Un abrazo fuerte, amigo.
 
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