Te fuiste,
y no me llevaste contigo.
Quizá porque la felicidad
no siempre viaja de a dos,
y lo entendí…
El tiempo,
ese ladrón de instantes,
fue deshilando lo que fuimos,
hasta dejarnos con promesas
que ya no saben regresar.
A veces me pierdo
en tu sonrisa que fue hogar,
en tus ojos,
donde aún sobrevive una versión de mí
que ya no reconozco.
No tuvimos hijos,
pero sí mascotas,
esas que ladran como si entendieran
todo lo que callamos.
Son ellas quienes hoy cuidan
lo poco que queda de “nosotros”.
No te culpo.
Buscar tu paz también es amor,
aunque duela
por las palabras que no dijimos
y los silencios que lo dijeron todo.
Pero si alguna vez
la nostalgia te toca el hombro,
que te lleve a lo vivido,
no como un error,
sino como una historia
que mereció ser contada.
Sebastian Morales
y no me llevaste contigo.
Quizá porque la felicidad
no siempre viaja de a dos,
y lo entendí…
El tiempo,
ese ladrón de instantes,
fue deshilando lo que fuimos,
hasta dejarnos con promesas
que ya no saben regresar.
A veces me pierdo
en tu sonrisa que fue hogar,
en tus ojos,
donde aún sobrevive una versión de mí
que ya no reconozco.
No tuvimos hijos,
pero sí mascotas,
esas que ladran como si entendieran
todo lo que callamos.
Son ellas quienes hoy cuidan
lo poco que queda de “nosotros”.
No te culpo.
Buscar tu paz también es amor,
aunque duela
por las palabras que no dijimos
y los silencios que lo dijeron todo.
Pero si alguna vez
la nostalgia te toca el hombro,
que te lleve a lo vivido,
no como un error,
sino como una historia
que mereció ser contada.
Sebastian Morales