prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esas luces de asilo
permanecen encendidas algunas noches:
a los trastornados se les regala
varias pelotas
donde el pulmón del ángel de la derrota
habita heroicamente, lleno de prismas y esnobismo.
Permanecen
como neuronas enloquecidas que todavía determinan la niñez
en estos cerebros de brújula
que me guían a los mismos lugares de insolvencia mental.
He puesto corbatas de café a la fugacidad de las horas,
he hecho nudos al éter de calambres
donde brillan astros de víscera.
Un grito en la hierba anuncia la cena de serpientes,
la conspiración de los equilibrios que mecen cunas de supervivencia.
Mis dedos revelan imposibles kamikaze del verso,
unas histerias acabadas que aun huelen a tomillo,
un sostén descolonizado por esferas de hirviente nieve
y otras piedras de tapujo.
Y de los olmos caen semillas de sombra,
más cráneos de lo que puede sostener la espera.
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