licprof
Poeta fiel al portal
Lo ùnico que hacìamos era bailar y el amor. Y cuando bailàbamos nos amàbamos y cuando nos amàbamos, bailàbamos, en la cama. Y reìamos mucho.
Asì transcurriò el tiempo.
Lo raro era que no nos aburrìamos, no habìa desgaste.
La ùnica diferencia era que a mì me encantaba leer y a ella no.
Un fin de semana largo de pascua me colguè leyendo 4 dìas enteros, sin parar.
Por eso, ella me dejò, me abandonò.
Nos volvimos a ver, despuès de algunos años, volvimos a la pizza los sàbados a la noche (al lado de su casa habìa una pizzerìa y su casa siempre estaba caliente) al tango o gotàn y al sexo frenado y desenfrenado, como debe ser, si no no es.
Por entonces, yo leìa las poesìas completas de Dylan Thomas (traducciòn de Elizabeth Azcona Cramwell).
Pero segundas veces nunca fueron buenas.
No obstante, continuamos bailando tango y haciendo el amor.
No sè còmo dejamos de vernos.
Solo recuerdo que bailàbamos tango y cumbia en un boliche de Flores.
Una noche de sàbado, habìa una pendeja con un viejo. El viejo cumplìa años parece, porque le llevaron una torta.
Aquello nos llamaba la atenciòn.
Igual continuamos bailando. Què manera de bailar, Dios mìo!
Y quien nos quita lo bailado!
Còmo nos gustaba bailar tango y cumbia!
Lo bueno de la cumbia es que te relaja, te suelta, te ablanda, te afloja.
En cambio, el tango te endurece. Porque se baila de la cintura para abajo.
Solo las piernas se mueven, el torso no. Solo rota la cintura.
El tronco se mueve en bloque.
Y no te cansàs nunca: podès bailar durante horas.
Asì transcurriò el tiempo.
Lo raro era que no nos aburrìamos, no habìa desgaste.
La ùnica diferencia era que a mì me encantaba leer y a ella no.
Un fin de semana largo de pascua me colguè leyendo 4 dìas enteros, sin parar.
Por eso, ella me dejò, me abandonò.
Nos volvimos a ver, despuès de algunos años, volvimos a la pizza los sàbados a la noche (al lado de su casa habìa una pizzerìa y su casa siempre estaba caliente) al tango o gotàn y al sexo frenado y desenfrenado, como debe ser, si no no es.
Por entonces, yo leìa las poesìas completas de Dylan Thomas (traducciòn de Elizabeth Azcona Cramwell).
Pero segundas veces nunca fueron buenas.
No obstante, continuamos bailando tango y haciendo el amor.
No sè còmo dejamos de vernos.
Solo recuerdo que bailàbamos tango y cumbia en un boliche de Flores.
Una noche de sàbado, habìa una pendeja con un viejo. El viejo cumplìa años parece, porque le llevaron una torta.
Aquello nos llamaba la atenciòn.
Igual continuamos bailando. Què manera de bailar, Dios mìo!
Y quien nos quita lo bailado!
Còmo nos gustaba bailar tango y cumbia!
Lo bueno de la cumbia es que te relaja, te suelta, te ablanda, te afloja.
En cambio, el tango te endurece. Porque se baila de la cintura para abajo.
Solo las piernas se mueven, el torso no. Solo rota la cintura.
El tronco se mueve en bloque.
Y no te cansàs nunca: podès bailar durante horas.