Maria Durante
Poeta recién llegado
Evoco un paisaje
de tierra rojiza
como arrebozada en corales
que me llega ardida en sol.
Evoco un estío árido de sedientas raíces
de abejas doradas,
de espinillos y algarrobos,
el río seco me hunde en el cañón
bajo una luz desértica
que me cubre con su arenilla de lucero.
Estoy ante el misterio indescifrable de la vida
que taladra con su fino viento,
tallando segundos, bosquejando milenios.
Donde todas las huellas
son parte de mi huella en algún momento;
donde el dolor es comprendido en mi dolor.
El silencio se agrieta en las desnudas arcillas transversales.
La piedra se levanta muda sobre el ayer
entreabriendo los ojos bajo un lento parpadeo.
Mi voz recorre al unísono con otras voces el Talampaya
y en eco repetitivo se proyecta al infinito,
sobre los médanos y las pasadas eras
cuando la tierra no sabía del hombre.
En un lento caminar me enmudece un sentimiento
y despienso la patria y destejo los límites de la tierra.
Lo humano pareciera insignificante.
En este misterio,
en soledad se comprende en la intima esencia
que somos parte del desierto rojo,
un pétalo de polvo en un vencido atardecer.
La nada en el devenir del ser
en el tiempo eterno .
El aliento de los pájaros aletea sobre mis hombros.
Entre las altas murallas
el cielo pasa .Hoy como ayer-
María Durante
de tierra rojiza
como arrebozada en corales
que me llega ardida en sol.
Evoco un estío árido de sedientas raíces
de abejas doradas,
de espinillos y algarrobos,
el río seco me hunde en el cañón
bajo una luz desértica
que me cubre con su arenilla de lucero.
Estoy ante el misterio indescifrable de la vida
que taladra con su fino viento,
tallando segundos, bosquejando milenios.
Donde todas las huellas
son parte de mi huella en algún momento;
donde el dolor es comprendido en mi dolor.
El silencio se agrieta en las desnudas arcillas transversales.
La piedra se levanta muda sobre el ayer
entreabriendo los ojos bajo un lento parpadeo.
Mi voz recorre al unísono con otras voces el Talampaya
y en eco repetitivo se proyecta al infinito,
sobre los médanos y las pasadas eras
cuando la tierra no sabía del hombre.
En un lento caminar me enmudece un sentimiento
y despienso la patria y destejo los límites de la tierra.
Lo humano pareciera insignificante.
En este misterio,
en soledad se comprende en la intima esencia
que somos parte del desierto rojo,
un pétalo de polvo en un vencido atardecer.
La nada en el devenir del ser
en el tiempo eterno .
El aliento de los pájaros aletea sobre mis hombros.
Entre las altas murallas
el cielo pasa .Hoy como ayer-
María Durante