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Tal vez Vincent

James Paul

Poeta asiduo al portal
El disparo no lo había matado. Permaneció tendido, mirando el cielo del atardecer. Trató de entender si no sentía dolor alguno, o si el dolor era tan grande, que su cuerpo no podía sentirlo.
Al ver pasar una bandada de aves se enderezó. Le costó terriblemente, aunque seguía sin sentir dolor. Solo percibía una especie de velo en la mirada, y una pesadez lejana.
Al lograr ponerse en cuclillas, vio de reojos el lienzo. Ahora parecía hermoso, ya no había juicios que hacer.
La hierba era amarilla y verde, formando un claro amplio, cercado por álamos que se erguían a lo lejos. La tarde ya terminaba, y las nubes eran abundantes, sesgando el abismo celeste de los días despejados.
Entonces decidió retornar a la casa. Retornar, con alguna esperanza, o con ninguna. Había decidido retornar. Cargó sus cosas de pintor usando la escopeta como bastón. Y al dar los primeros pasos, un dolor tan amplio y lejano lo fue envolviendo.
Los álamos a lo lejos ahora parecían tan reales, y el cielo. Se arrepintió. Se arrepintió, quejándose con un grito sofocado por el dolor. Miró humildemente el camino de regreso, con una vergüenza humilde, sintiéndose un pecador. Pero se perdonaba a si mismo con tanta compasión. Sintió la necesidad de sonreírle tiernamente a un niño. Con su vida en esa sonrisa.
Apoyó la escopeta delante, nuevamente, y dio otro paso. Quería regresar a la casa y saludar a sus amigos. Quizás sonreírles y acostarse en la cama a dormir. Quería tomar un vaso de vino y fumar en pipa.
Recordó viejos paisajes, estudiados durante horas, y los aromas. Volvió a respirar hondamente, condensando en una inspiración, miles de aromas, lejanos, olvidados. Con una sonrisa.
 
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