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Suplicas de sal

danie

solo un pensamiento...
Entre tanto navegar por torrentes de sal
con las heridas latiendo cada instante de pleamar
con las lágrimas desbordando el vaso
con las sofocadas estrellas
diurnas
del fracaso…

¡Ay!
En la hoguera dejamos alegrías y todo tipo
de humores/ también sueños
mientras la noche desciende sobre nuestros abrojos
con su metálica cortina de alquitrán

y miramos
con el polvo impregnado en los ojos
una mañana pálida
un alba sin despertar
buscando una costa que no tenga arena
que no sea lejana
una costa sin naufragios
sin éxodos
o una isla azul
que ansía la nada

y reclamamos
y reclamamos con el llanto octogenario
acarreando las soledades en la espalda
con las animosidades punzantes
que se clavan
como cuchillos oxidados
de la memoria de los años

y reclamamos
y demandamos como si fuéramos
omnipotentes de nuestro propio azar

¡Ay!
Demandamos hasta que la sangre suplica
hasta que la fiebre se vuelve letargo
hasta que la respiración cesa
al compás del sopor y su eternidad

¡Ay!
Me doy cuenta que así y todo
todavía
no sabemos valorar
la sonrisa de la piel de nuestro quebranto
 
Última edición:
Impresionante poema sobre el interior del ser humano, lo que pedimos, anhelamos, damos y millones de veces no comprendemos, hermosas metáforas las que adornan su poesía. Un placer pasar por su magnífica obra, reciba mi más cordial saludo.
 
Entre tanto navegar por torrentes de sal
con las heridas latiendo cada instante de pleamar
con las lágrimas desbordando el vaso
con las sofocadas estrellas
diurnas
del fracaso…

¡Ay!
En la hoguera dejamos alegrías y todo tipo
de humores/ también sueños
mientras la noche desciende sobre nuestros abrojos
con su metálica cortina de alquitrán

y miramos
con el polvo impregnado en los ojos
una mañana pálida
un alba sin despertar
buscando una costa que no tenga arena
que no sea lejana
una costa sin naufragios
sin éxodos
o una isla azul
que ansía la nada

y reclamamos
y reclamamos con el llanto octogenario
acarreando las soledades en la espalda
con las animosidades punzantes
que se clavan
como cuchillos oxidados
de la memoria de los años

y reclamamos
y demandamos como si fuéramos
omnipotentes de nuestro propio azar

¡Ay!
Demandamos hasta que la sangre suplica
hasta que la fiebre se vuelve letargo
hasta que la respiración cesa
al compás del sopor y su eternidad

¡Ay!
Me doy cuenta que así y todo
todavía
no sabemos valorar
la sonrisa de la piel de nuestro quebranto

Interiores humanos abiertos anhelantes en ese vacio que
rezuma oxidos de valoracion. poema confabulado en un
vapor que atrapa. felicidades por las columnas de esencias
que son manejo de un alma de aristas perfectas. felicidades.
luzyabsenta
 
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