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Suicidio de la espiral

Pessoa

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SUICIDIO DE LA ESPIRAL
Como esa espiral que se suicida
estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.
Y después, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,
las mismas por las que antes deambulaban
mórbidas, perezosamente,
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.
La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,
renueva los reflejos monocromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.
Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.
Las lluvias serán de pétalos de gardenia y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire orientadas al suroeste.
Las ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,
válido para las horas del ocaso del jueves próximo.
El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por monótonos tranvías
y pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.
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Ilust.: Fotomito de Michael Koven​
 
Una joya de poema que aplaudo.
¡¡¡SENSACIONAL!!!

SUICIDIO DE LA ESPIRAL
Como esa espiral que se suicida

estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.


Y después, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,

las mismas por las que antes deambulaban
mórbidas, perezosamente,
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.


La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,

renueva los reflejos monocromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.


Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.

Las lluvias serán de pétalos de gardenia y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire orientadas al suroeste.


Las ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,

válido para las horas del ocaso del jueves próximo.

El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por monótonos tranvías

y pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.

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Ilust.: Fotomito de Michael Koven​
 
SUICIDIO DE LA ESPIRAL
Como esa espiral que se suicida

estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.


Y después, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,

las mismas por las que antes deambulaban
mórbidas, perezosamente,
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.


La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,

renueva los reflejos monocromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.


Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.

Las lluvias serán de pétalos de gardenia y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire orientadas al suroeste.


Las ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,

válido para las horas del ocaso del jueves próximo.

El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por monótonos tranvías

y pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.

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Ilust.: Fotomito de Michael Koven​
Bella composicion que gira entre cenizas brillantes y suicidios electrizados
pensamientos dentro de una orquestada manifestacion de bellas imagenes.
como siempre excelente. felicidades. luzyabsenta
 
SUICIDIO DE LA ESPIRAL
Como esa espiral que se suicida

estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.


Y después, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,

las mismas por las que antes deambulaban
mórbidas, perezosamente,
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.


La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,

renueva los reflejos monocromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.


Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.

Las lluvias serán de pétalos de gardenia y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire orientadas al suroeste.


Las ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,

válido para las horas del ocaso del jueves próximo.

El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por monótonos tranvías

y pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.

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Ilust.: Fotomito de Michael Koven​


Tu poema me evoca la espiral áurea, el infinito finito, dos colores para dos poemas, el principio y el final para un comienzo... así es como se funde en espiral mi imaginación y se suicida en la no forma de su rúbrica.

Me encanta divagar a tu lado Miguel.

Un gran abrazo

Palmira
 
Hola, Palmira. Una vez más me llega la emoción de tu comentario, hecho desde una afinidad de sentimientos que rompe todas las barreras de soledad que el autor pueda tener. Me gusta el motivo de la caracola, por su armónica belleza y por ser un paradigma de la búsqueda de un infinito inalcanzable, motor de la voluntad del ser humano. Gracias por tu regalo,
miguel
 
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